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Magdalena Fleitas

Musicoterapeuta, Música, Docente, creadora de Risas de la Tierra, Jardín Musical y Espacio Cultural.

Risas de la Tierra

Una propuesta artístico-pedagógica para los pequeños y toda la familia. Jardín Musical y Talleres, tardes de cuentos, conciertos, mate y bizcochitos. Un espacio singular, personalizado y feliz.

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Luisa Calcumil visitó Risas de la Tierra!

Risas de la Tierra
Nos visitó la querida Luisa Calcumil, quien vino desde Río Negro y compartió sus tradiciones mapuches y cantos sagrados. La recibimos con todos los docentes del jardín y fue un encuentro sensible, amoroso y lleno de sentido. Contó historias sencillas de sus paisanos, cantó parte de sus rituales y antes de irse, nos tradujo las palabras del jardín al mapuche. Improvisando, nos dejó un canto sagrado que invoca las risas de la tierra, para los niños y todas las familias. Las mujeres cantan una parte, los hombres cantan otra… y así fortalecemos los lazos en la comunidad que nos sostiene. Para cantar en ronda, suavemente percutiendo los talones en el piso, en contacto con la tierra.
GRACIAS LUISA!

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Fotos de Risas del Sol

Mi hermana Isabel Fleitas se vino desde su chacra en El Bolsón para sacarme las fotos de Risas del Sol. Ya falta poquito, ya pinté la tapa, grabamos las canciones y dentro de poco empieza la mezcla. Qué alegría! Gracias Isa por tu gran calidad de fotógrafa y por tu capacidad de sacar lo más lindo de cada uno y registrarlo en una foto.

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Un abrazo, Magda (con una selección que incluye a Santi, mi hermoso bebé)

Risas de la Tierra Cumple 10 años!

Collages

Queridas familias,

Este 2015 estamos celebrando que nuestro jardín “Risas de la Tierra” cumple diez años de historia, pero el camino empezó mucho antes y quisiera compartirles nuestro recorrido, que tanto se vincula con la propuesta pedagógica.

En sus inicios, allá por 1992, El jardín era un grupito rodante en los hogares. La música y el juego eran el corazón de la propuesta en un ambiente familiar y cálido. En este contexto, los papás siempre participaron jugando, facilitando materiales, compartiendo el día a día y creciendo con los chicos. Yo iba con títeres, la guitarra al hombro, bolsas con pelotas, instrumentos y tules. Todos cantábamos. La huella musical impregnaba los hogares y familias, y a la vez, veíamos lo bueno de la estimulación temprana mediante el juego en un clima de alegría. Nuestro jardín, que en esa época se llamaba “El Jardín de Magda”, fue creciendo y luego de 10 años de trabajar en las casas, en 2002 nos mudamos al Museo Metropolitano en la calle Castex. Allí las exposiciones de cuadros y esculturas impregnaron nuestra tarea de texturas y colores. Para esa época, convoqué a mi prima Trinidad Padilla, quien hasta el día de hoy forma parte de Risas de la Tierra.

Luego de tres años en el museo, fue necesario contar con un lugar propio y así llegamos al actual espacio ubicado en Cerviño 3760. La familia Mondragón, dueños del lugar y la panadería, nos recibieron con los brazos abiertos. En ese trayecto fui desplegando la pedagogía artística que hoy nos caracteriza y que hizo eco en tanta gente.

Para abrir Risas, que en ese entonces no tenía nombre, convoqué maestros músicos, músico-terapeutas, bailarines y clowns para preservar el conocimiento lúdico de los años previos y desde el primer día incluimos a las familias en nuestra propuesta. No podíamos dejar afuera el conocimiento de haber crecido en las casas, en red solidaria con los papás y abuelos. A la vez, necesitábamos formalizar la pedagogía para transmitirla con claridad. Los primeros años fueron difíciles, había un gran entusiasmo y confianza en ofrecer un proyecto con sentido, que fuera enriquecedor para los niños y toda la humanidad. Por otro lado, la pedagogía no tenía lugar en el sistema oficial. En el ministerio nos miraban desorientados, el jardín les parecía demasiado alternativo y no había molde para contener nuestra propuesta. También había mucho para aprender y observar tanto en el aspecto pedagógico-vincular como en lo organizativo, administrativo, legal y arquitectónico.

La belleza del lugar también es parte de la propuesta, porque la forma también es contenido, por eso desde el comienzo inventamos juguetes artesanales y decoramos con telares y colores latinoamericanos. Fue una etapa creativa y de gran reciclaje que marcó la estética de Risas. Las familias colaboraron con donaciones. Todos crecimos en este proceso y esa fuerza común marcó un buen camino. A fines de 2007 ingresó Mariela, la actual directora que aportó su claridad, inteligencia en las dinámicas de equipo y calidad humana. En 2009 grabamos el disco “Barrilete de Canciones”, consolidando nuestro trabajo, afianzándonos en el camino de la música, y en 2010 nos asociamos felizmente con Lala Franco, querida amiga y mamá de Tom que venía a la salita de dos. Desde entonces, el jardín creció y se organizó cada vez mejor. El día de hoy y también gracias al aporte de Lala, somos parte del sistema de educación. En un largo y arduo camino logramos que se reconozca nuestra identidad con respeto e incluso con admiración. Tuvimos que fundamentar cada punto de nuestra pedagogía con seriedad y también con cumplimiento de las normas y flexibilidad de las mismas, para ser fieles a la esencia de Risas. Ahora sabemos que nuestro recorrido dejó un precedente en la Dirección de escuelas privadas. Es un honor poder decir esto y sentir que fundamos un espacio nuevo para otros, un molde que renueva la educación y que es fuente de consulta para docentes y escuelas.

 

Una de las características de Risas es el contenido artístico con un repertorio diario muy elaborado. Todos cantamos, grandes y chicos. A través del tiempo, se fueron sumando las voces de los maestros. A lo largo de estos años, también se fortaleció nuestra manera de hacer vínculo con los chicos, con los padres, la comunidad y en nuestro equipo docente. Es una manera que se caracteriza por ser receptiva, amable, sin juicio, reflexiva y abierta al diálogo. Eso también es un fruto del trabajo y de constantes capacitaciones y reuniones de equipo.

El nombre Risas de la Tierra llegó en los primeros años por la alegría que nos dan los niños, nuestro espacio y por las raíces y el sostén que ofrecemos en las primeras experiencias de socialización. La tierra, los ciclos de las estaciones, la naturaleza, nos nutre y nos sostiene. El nombre gustó desde el principio, era mucho más lindo que “El jardín de Magda” y además, con el tiempo, Risas se hizo parte de todos. Vivimos con orgullo la propuesta y sabemos que podemos crecer en este espacio desplegando la propia voz. Para que la educación sea verdadera para los niños, también es necesario que los maestros se transformen en este proceso. Y esa es nuestra intención.

 

Ahora que ya estamos más grandes, queremos abrir nuestros horizontes y que la pedagogía llegue a todos los niños y enriquezca las instituciones y la experiencia educativa. Paso a paso, seguimos creciendo.

Por ahora, estamos festejando nuestros diez años con mucho orgullo y alegría. Fue un gran esfuerzo crecer, es un proceso pleno de sentido y trascendencia.

Por eso los invitamos a participar de la celebración y homenajear este recorrido. A lo largo de estos meses, vamos a realizar distintas actividades para festejar juntos: murales, tortas y velitas, baile, grabaciones y encuentros en la plaza.

Familia y escuela. Escuela y familia. Caminando de la mano… y cantando con el corazón.

Un abrazo grande,

Magda

 

RISAS DE LA TIERRA CUMPLE 10 AÑOS!!

Amigos, con motivo del festejo de nuestros primeros 10 años, compartimos un capítulo del libro “Crianza y Arte” de Magdalena Fleitas que trata del Jardín Risas de la Tierra y una canción del CD que acompaña al libro: “Buen día”


Esta es nuestra historia…

RISAS 10

 

 

RISAS DE LA TIERRA

Una escuela que canta y baila.

 

Un espacio de formación docente

 

El jardín, que en sus inicios fue un grupito rodante, hoy es un espacio de educación artística con orientación musical. En Risas de la Tierra nos especializamos en la primera infancia, niños de uno, dos y tres años y por la edad de los chicos, siempre decimos a los padres que lo ideal es que la escolarización sea paulatina, de a poco, paso a paso. Es preferible que un niño empiece a ir al jardín dos veces por semana y una vez que está contento se vayan agregando las jornadas, sin implicar una exigencia. La verdad es que, luego, la institucionalización será para toda la vida. ¿Para qué apurarse entonces? Por esto mismo, al principio, las familias pueden elegir la frecuencia de participación: dos, tres o cinco veces. Una buena señal para aumentar la frecuencia de las jornadas, es cuando el nene va a la puerta con su mochila y dice: “Quedo jadín”.

Vamos de a poco, ese niño que llega sensible, abierto, curioso y vulnerable, está dando sus primeros pasos en grupo y fuera de la casa.

La propuesta de Risas de la Tierra es familiar y siempre abrimos las puertas a los papás. Están invitados y pueden entrar a las salas cada vez que lo deseen. Para esto, nos capacitamos e informamos a la familia el modo adecuado de intervenir, así la experiencia de compartir es agradable para todos, niños, padres y maestros.

 

Un poco de historia

 

El proceso de creación del jardín musical está impregnado de mi propio proceso de crecimiento, por eso la historia es muy personal.

En marzo del año 2005 comenzó a funcionar el Jardín Musical “Risas de la Tierra” en la calle Cerviño, en pleno barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires.

Antes de fundar Risas, ya había recorrido un largo camino y ese trayecto es el que voy a contarles, para conocer los orígenes de esta pedagogía particular, que se fue construyendo paso a paso, en la experiencia misma y ahí mismo también radica su riqueza.

Trabajé en jardines desde los dieciocho años. Mientras tanto, estudiaba Musicoterapia y hacía veinte mil cursos de música, pintura, masajes, pedagogía, expresión corporal, psicología, canto e improvisación. Era muy inquieta y quería aprender acerca de todo lo que se me cruzaba.

Hacia 1995, a los veinticinco, luego de seis años de trabajar en El jardín de la Esquina (donde entré como secretaria, luego fui ayudante y, finalmente, maestra), decidí dejar las instituciones y animarme en una carrera independiente. No fue fácil, porque me unía un fuerte lazo con ese lugar tan especial, que formó mi práctica docente y al cual siempre estaré agradecida. Pero también sentía un nuevo llamado, el de explorar otras áreas de mí misma e independizarme.

Me llevó un tiempo organizarme. Daba clases particulares de música y arte. Trabajaba mucho, igual que los maestros jóvenes de Risas, a quienes veo haciendo malabares para pagar sus gastos y construir su vocación en el camino. Para entonces, llegaba agotada a casa y cada vez había más demanda, más llamados de papás pidiendo música y juegos para sus hijos. La cosa funcionaba. Evidentemente, en las familias había una necesidad de juego y arte para todos.

 

Los grupos rodantes

 

El siguiente paso hacia el gran proyecto fueron los “grupos rodantes”.

Un grupo de papás amigos entre sí, me llamaron para cantarles a sus nenes de un año. Así armé el primer “jardín casero”. Visitaba a los chicos más chiquitos en sus casas, con mis elementos a cuestas y la guitarra siempre afi nada. Llegar a destino era todo un desafío: subía al colectivo con una bolsa de pelotas, otra con instrumentos ruidosos y un par de títeres gigantes (gracias a los que más de una vez escuché comentarios y quejas de los pasajeros). La diva era la gran títere de gomaespuma bautizada “Mireya”, con su pelo rubio y enrulado de hilo sisal, que solía recibir piropos. ¡Pasaba situaciones muy graciosas!

En las casas dejaba canastos con pinturas, espuma, rodillos y resmas de hojas, túneles y paracaídas de tela, palanganas de colores y CD con distintas músicas.

Agradecía la paciencia de los papás, que se aguantaban el desorden y ofrecían roperos y rincones para guardar las cosas. Hasta ellos se divertían, porque había cierto caos creativo. También se sentían orgullosos de ofrecer ese espacio a sus hijos y poder participar en él. Finalmente, habíamos creado toda una red social de colaboración y amistad.

Los grupitos rodantes funcionaron varios años y fueron los primeros pasos hacia el jardín musical. Mientras tanto, por las tardes, los talleres de iniciación artística en mi propia casa también crecían y convocaban a grandes grupos de niños.

En este contexto, fui descubriendo el valor de hacer música en forma intensiva, especialmente en los hogares, por la huella musical que iba impregnado a las familias y también por la importancia y efectividad de la estimulación temprana mediante la música, el juego y la alegría.

 

Los pasos del crecimiento

 

Como cada vez había más chicos en los grupitos rodantes y en los talleres de música, tuve que buscar un ayudante, luego otro y otro más. A veces uno crece así, sin darse cuenta intuitivamente. Esa fue mi manera de avanzar y estos fueron los inicios de El Jardín de Magda, por el año 2000.

Ya éramos tres maestros y cada uno desarrollaba un área diferente. Yo coordinaba las rondas, desde el centro, con la guitarra. El instrumento concentraba el magnetismo necesario para atraer

la escucha de varios nenes.

Desde mi coordinación de las rondas, les pedía a los ayudantes que atendieran los emergentes, resolviendo lo necesario para que la escucha fuera exitosa, alegre y bien dispuesta: atar un cordón

allá, limpiar un moco, hacer upa, cuidar a uno que se estaba por caer… ¡con los chicos chiquitos pasa de todo porque nunca se quedan quietos!, y hay que entender su lenguaje corporal.

Buscaba recursos visuales y sonoros para atraer a los niños que se dispersaban y concentraba su atención, mediante instrumentos, cajitas de música, títeres, burbujas y cositas que sacaba de la Caja de Sorpresas.

El desarrollo de las performances se enriquecía cada día y marcaba un estilo propio.

Sin darme cuenta, estaba creando una manera de trabajar. Tenía una ayudante clown, Filomena, que hacía pequeñas actuaciones en las rondas y nos hacía reír con sus payasadas. Para mí era fundamental pasarla bien, los grandes teníamos que divertirnos, no concebía un mundo de adultos aburridos por la práctica docente. Había un ayudante varón, Alejo, que se especializaba en

construcción de torres, pistas y recorridos de aventuras. Todos los chicos lo seguían. Un ayudante varón era algo nuevo para las familias. Los papás se identificaban con él: se quedaban a jugar, retrasaban su salida de la casa, porque veían que había una figura masculina con la que podían hacer complicidad, reírse, relajar y mostrar sus destrezas con los autitos un rato antes de irse al trabajo o a la oficina.

En ese intercambio con las casas aprendí muchas cosas, porque veía cómo cada ama de casa organizaba su hogar, cómo eran las dinámicas, las comidas, el orden, el tipo de juguetes, qué videos veían los chicos, etcétera. Por supuesto, me identifi qué más con algunos modelos que con otros, pero conocí la intimidad de muchas familias y ahora, en mi función de ama de casa, aplico todo lo que aprendí de otras mujeres en esas situaciones.

Pasaron unos años de trabajar en los hogares. Fue toda una fiesta de invitar a las mamás y los papás a bailar, pintar, cantar y tocar instrumentos.

Llegó un momento en que ya no entrábamos en ningún living.

 

El Jardín de Magda

 

Así creció la propuesta en forma de jardín. Se llamaba “de Magda”; simplemente porque todos me tenían de referencia. Alquilé un espacio en el Museo Metropolitano, en la calle Castex, Palermo Chico. Allí organicé dos grupos grandes, convoqué a nuevos maestros y empezamos a formalizar la actividad de Jardín Musical.

El lugar tenía la virtud de que continuamente había exposiciones y artistas plásticos, con pinturas, cuadros, esculturas en las paredes y colgando del techo. Las reponían cada quince días, participaban artistas de todo el país y los chicos jugaban rodeados de colores y expresiones artísticas.

Este contexto estimuló la actividad plástica y fueron años de experimentar con diferentes técnicas y sumar la pintura diaria a nuestras actividades musicales.

En cada escenario de trabajo, incorporábamos distintos elementos que luego serían las bases de Risas. El paso natural fue abrir un lugar propio.

 

Un gran cambio

 

En esta etapa se plantearon mis primeras dudas: ¿cómo hacer para traer ese clima amable y cálido de los hogares o del museo a una institución? ¿Cómo hacer para incluir a la familia en la propuesta y establecer puentes entre papás y maestros? ¿Cómo explicarles a los nuevos maestros la importancia de la música diaria como lenguaje en un contexto de jardín? Y, más difícil aún, ¿cómo improvisar, ser flexibles y sentir la libertad del juego que había en los hogares, pero organizados y comprometidos dentro de una institución?

Se sumaba otra gran dificultad y todavía no sabía cómo resolverla: necesitaba descentralizar la propuesta artístico-pedagógica de mi persona. Ya no iba a seguir tomando grupos a mi cargo. Había estado “en sala” por más de quince años. Ahora tenía que dirigir y llevar adelante el cambio. Se suponía que empezaba para todos una etapa de planificación más formal, de supervisiones, capacitación y seguimiento. Había que formalizar el método artístico pedagógico, cuidando que el juego siguiera vivo para todos: era necesario cambiar el nombre. El Jardín de Magda pasaba a ser otra cosa, con nuevos maestros y una propuesta de enseñanza que emergía con fuerza y alegría.

 

Hacer un jardín

 

Armar un jardín es algo muy grande. Los primeros años fueron difíciles. Había una mezcla de entusiasmo y confianza en ofrecer un proyecto con sentido, bueno para los niños y para toda “la Humanidad” (es que así lo vivía en un gran ideal, junto a los ayudantes y maestros que se incorporaban).

También había una gran carga de temas por resolver: tanto a nivel pedagógico y vincular como en lo organizativo, administrativo, legal y arquitectónico.

Primero, había que embellecer el espacio. La belleza del lugar también era parte de la propuesta, porque la forma también es contenido. Entonces, salí a comprar juguetes acordes a la propuesta: de madera, artesanales; y algunos instrumentos, a los que se sumaron materiales caseros y bonitos, libros armados con imágenes al estilo collage y mesas, sillitas y otros elementos que se remataban en algunos jardines que cerraban sus puertas. Mientras tanto, pasaba noches enteras pintando maderas pulidas por el lago —que ahora están en las canastas de la entrada— o armando móviles para las salas, buscando mantas coloridas de telares para decorar las paredes.

Fue una etapa creativa de gran reciclaje y eso marcó la estética de Risas.

Durante ese período, colaboraron familias de ex alumnos que traían donaciones que sus hijos ya no usaban. De hecho, la participación espontánea de las familias era y sigue siendo un gran apoyo: es importante que los padres también sean generosos con la escuela, porque esto alimenta la generosidad mutua y todos crecemos en este proceso.

En resumen, había muchos frentes que habitar y resolver, pero la flecha ya estaba lanzada y todos miraban azorados, acompañando este proyecto que crecía.

Esa fuerza común me hacía sentir en un buen camino.

 

Contenido y formación

 

El contenido pedagógico de Risas es artístico por excelencia. Desde el principio del jardín capacitamos a los maestros, para desarrollar esta manera de abordar la crianza y la educación, mediante el arte y el juego, en un clima de alegría y participación.

Los docentes a cargo de los grupos tienen formación artística en diferentes áreas, músicos, clowns, bailarines, artistas plásticos, recreadores. No se requiere título de maestro jardinero.

Uno de los tesoros de la experiencia musical es que aprendemos a tocar con otros, a escucharnos, a participar de una orquesta, de un coro o una banda. En Risas, intentamos traer este conocimiento a nuestro quehacer diario, que la dinámica de la música grupal, sea la misma para el jardín. Con el crecimiento de cada docente, al intercambiar, nos enriquecemos mutuamente y podemos profundizar nuestra manera de enseñar.

Para que un niño pueda transformarse en su proceso educativo, también el docente tiene que transformarse y crecer en su rol. Para eso, hay que charlar, hacer preguntas, disentir, aprender, estudiar, escuchar, reír, cantar y bailar en grupo, porque somos un gran equipo y eso hay que cuidarlo día a día, igual que a los niños. Un equipo de profesionales también puede ser vulnerable.

 

La experiencia artística

 

En Risas habilitamos un encuadre, espacio, tiempo y elementos para que los chicos desplieguen su propio ser a través del juego y la exploración. El arte compartido es el mejor facilitador, y tanto los proyectos de las salas como las planificaciones de los docentes, responden a esta filosofía. Realizamos conciertos diarios abiertos y participativos para todas las familias como cierre de jornadas, por grupos y semanales para toda la comunidad.

Desde la dirección, también estimulamos las carreras artísticas de los docentes, volcando esta experiencia en la actividad cotidiana. Los niños participan de las grabaciones y los maestros tocan los instrumentos. Cada grupo realiza su propia producción musical.

Una de las joyitas de Risas son las fiestas callejeras, por las cuales fuimos declarados de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Dos veces al año abrimos nuestras puertas a la comunidad barrial, con fiestas en el boulevard, conciertos y espectáculos de clown. Participan la panadería y los negocios de la cuadra.

 

Un ambiente musical, lúdico y vital

 

Los maestros abren las puertas a la expresión e improvisación en un contexto estético, con la intención clara de compartir, escuchar y enriquecer el mundo de los niños.

Las experiencias lúdicas y creativas son un eje de trabajo en Risas de la Tierra.

Cada niño, estimulado por la alegría y el arte de su entorno, despierta en sí mismo el deseo de crear, conocerse y explorar su propia expresión sabiendo que será bien escuchado y bien recibido. De esta manera, encuentran placer y alegría al crear porque se valoriza conscientemente cada una de sus producciones y en cada propuesta, se los alienta a seguir enriqueciendo su mundo sensorial y perceptivo.

 

Disfrutar con las canciones. Musicalizarnos

 

Si a los chicos les cantamos, los chicos cantan naturalmente, incluso antes de hablar, en Risas nos enfocamos en esto, especialmente en los primeros años. Nos sumergirnos en las melodías y en los ritmos. Queremos despertar las ganas de bailar en todos, los más pequeños se balancean, ríen y buscan su equilibrio en el baile.

La intención está puesta en llenarnos de música, porque la música trae recursos para toda la vida. Al cantar respiramos juntos y exhalamos voces y melodías que nos alegran el alma.

Los más chiquitos que todavía no hablan, piden las canciones con gestos y terminan las frases enfatizando la última sílaba. Y son exigentes, porque insisten con gestos hasta que llega ‘“El cocodrilo” o las canciones de saludo. No da lo mismo cualquiera. ¡Ellos saben bien lo que les gusta!

Todos participamos. Todos respiramos. Todos cantamos. No es necesario ser muy entonado ni saberse las letras. Importa la participación, el disfrute del canto colectivo y la situación de los niños descubriendo diferentes melodías y ritmos.

Se siente desde adentro que lo que hacemos nos hace bien. Y se ven los frutos de tanta actividad vivida profundamente. Pasamos de una chacarera festiva a una canción en secreto y luego al baile familiar hasta despedirnos en canciones. Las familias se van cantando. Los chicos están ávidos de seguir jugando, felices de seguir cantando y aprendiendo, creciendo en este fluir tan acorde con su naturaleza.

Por otro lado, los que hacemos música para chicos sabemos cómo disfrutan los grandes y cómo reviven su propia infancia a través de compartir la música con sus hijos. Pueden jugar, soltar tensiones de la vida adulta y conmoverse ante la alegría de sus niños, expertos bailarines. Porque la música es un lenguaje que nos llega a todos. Los que siempre dan el presente son los abuelos y esto también se transforma en parte de la educación, porque si los chicos ven jugar y cantar a sus abuelos esto queda en la memoria y pasa a ser una manera de vivir la etapa adulta. Al salir del jardín también ellos se van cantando por la vereda.

Es una manera de que la escuela y la familia se integren cada vez más.

 

Por qué las risas, por qué la tierra

 

El nombre surgió del primer CD, en 2005, y fue reemplazando, de a poco, al viejo Jardín de Magda. Durante los primeros años se sintió la transición y todavía algunos preguntan por el viejo nombre. Ahora somos Risas de la Tierra. El disco Barrilete de Canciones, que salió en el año 2009, nos afianzó en el camino de la música. Risas es un jardín con discos propios y con un repertorio diario, muy elaborado. Pero este proceso llevó un largo camino. Tuve que cambiar y crecer a la fuerza. En los inicios, como muchas de las cosas que empiezan, había grandes entusiasmos por ir más allá de lo conocido, pero también había grandes contracturas. Porque estos cambios implican riesgos y en mi caso, un poco de inconciencia y muchos dolores de espalda que luego me tocó sanar.

Parte de la misión de Risas de la Tierra se orienta ahora a llevar la música y la salud, más allá del jardín, para bien de todos los chicos y las familias.

Risas por la alegría y Tierra por las raíces y el sostén.

 

Fortalecer la pedagogía artística

 

Fuimos descubriendo el sentido profundo de nuestra tarea en cada paso: tuvimos que armar y desarmar reuniones, hacer prueba y error e ir moldeando el sistema de enseñanza en la tarea misma. Al principio, para los maestros el marco artístico también fue desconcertante, porque era muy nuevo. En el día a día, trabajábamos muy bien, pero no siempre sabíamos explicar el sentido de lo que hacíamos.

El conocimiento general era práctico, empírico, faltaba filosofar, poner palabras, nombres, discutir, escribir las experiencias, intercambiar y fortalecernos. Por ejemplo, el saber cantar canciones era tan natural que no parecía algo importante, no parecía algo pedagógico.

Nos costaba nombrar las intenciones previas, los objetivos que forman parte de todo proceso de enseñanza. Nuestra relación con la tarea era intuitiva. Estábamos conectados con la belleza del sonido y, desde ahí, actuábamos impregnando los sentidos de los niños de impresiones musicales, rítmicas y armónicas. Pero también veíamos que todo esto tenía más alcance, mucho más profundo de lo que podíamos explicar, aunque todavía no pudiéramos formular los significados.

Había que fortalecer la pedagogía: poner orden, aprender la manera de guiar, de cantar y jugar, alineados en una metodología clara y descubriendo la propia voz en el camino.

Para todo ello, había que trabajar a la par, aprender, ser humilde, aceptar señalamientos y arremangarse la camiseta.

Este fue el camino que recorrimos.

 

La imitación

 

Aristóteles, el filósofo griego, dijo que el hombre es el más imitador entre los animales.

Los maestros de jardín sabemos que esto se aplica especialmente a los primeros siete años de vida. La manera de transmitir con el ejemplo, que al principio fue un recurso de bolsillo a pulir, más o menos exitoso, finalmente se transformó en parte del método del jardín.

En el caso de los chicos, ellos se vinculan a través de la imitación, especialmente los más chiquitos. Es una manera de decirle al otro “te acepto, te sigo”. También desarrolla la empatía. De hecho, si imitamos la postura de alguien podemos percibir qué le pasa o cómo se siente. Por eso es tan importante que en casa también transmitamos con el ejemplo.

También los maestros aprenden unos de otros. En las capacitaciones, los docentes comparten con sus pares cuáles fueron sus descubrimientos en la tarea, por ejemplo, cómo usar la percusión corporal con los chicos, o la maestra que canta folclore, trae para el grupo el viejo repertorio de canciones españolas.

De esta manera, el conocimiento circula y los nuevos maestros pueden entender de qué se trata el trabajo. Mediante supervisiones y señalamientos, vamos guiando este rico intercambio

y cada docente puede ser modelo y fuente de inspiración para otro.

 

La participación de los padres

 

En Risas los padres pueden participar de la jornada, especialmente en la adaptación. Esto generaba roces en la dinámica diaria. La consigna institucional es que si un nene llama a la mamá, entonces ella puede entrar y participar. Si una nena llora, invitamos entrar a quien la acompaña. La filosofía en Risas es que ningún niño se va a quedar a la fuerza en la sala o llorando un ratito hasta adaptarse. Es más, si la madre o el padre quieren cantar en la ronda o acompañar a su hijo, por el solo placer de estar ahí, viéndolo jugar, entonces, bienvenido. ¡Adentro y a disfrutar del espacio común!

Por esto mismo, se presentó una dificultad en las primeras etapas: a los maestros les resultaba un gran desafío el vínculo con los padres de sus alumnos en el encuadre escolar. Había una queja particular: “Me incomodan los papás en la sala”.

Lo cierto es que hay que aprender a compartir entre niños, maestros y padres: la sabiduría aprendida en los grupitos rodantes no podía quedarse afuera del jardín.

La unión de las familias y la escuela tenía que ser una de las bases de la pedagogía y uno de los frutos más lindos, aunque tomara su tiempo transmitirlo y organizarlo.

En parte por venir de una familia grande y también por mi experiencia musical de tocar en bandas, sabía que la presencia de los padres podía ser una gran ayuda y contribuir al enriquecimiento mutuo.

La música se basa en estar con otros, en escuchar, en ir a tiempo con los demás, aceptando silencios, reglas y alimentando la creatividad entre todos. La armonía en general, habla de un equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, y su resultado connota belleza, si bien esto también es cultural. Pero algo importante es que la armonía no es un estado ilusorio de “siempre lindo” o “siempre contentos”. Una buena armonía se caracteriza por la sucesión de tensión y reposo. Sonido y silencio. Como en los grupos de niños y adultos.

La música nos enseña muchas cosas para aplicar en la dinámica educativa, incluso para interpretar lo que sucede en una institución, y otra vez, podemos escuchar de una manera nueva.

Qué mejor, entonces, que habilitar esta dinámica participativa, en el mundo de los chicos.

Pero no era tan fácil: porque a los docentes el solo hecho de recibir a los padres les generaba mucha tensión e inseguridad. Se sentían observados, juzgados, interrumpidos. ¿Los resultados? Frecuentes pedidos de los maestros para hacer cambios al respecto: “¡Las mamás hablan por celular!”, “¡Esa mamá reta a su hijo en plena canción!”, “¡Me habla mientras cantoooo!” (sólo aquel que toca la guitarra y canta se da cuenta de lo incómodo que es que le hablen en ese momento). Yo me reía, porque todo eso era cierto: muchas veces el gran lío en la sala era fruto de los adultos, pero es que… ¡los papás también tienen que aprender a ir a la escuela! Si encima están en un lugar donde se canta, donde las puertas están abiertas y los maestros son “copados”… la lectura básica es: “Al fin… ¡liberación!”.

Pero ¿cómo hacía para transmitirles la maravilla de hacer rondas junto a los papás una vez que todos entendieran la forma de participar? Necesitábamos tiempo y confianza. Desde mi experiencia en las casas, yo sabía que todo mejoraba si podíamos compartir esos primeros pasos en grupo y que la ansiedad inicial siempre se transformaba en un apoyo incondicional. El camino a recorrer se llenaba de sorpresas que luego traían los papás, agradecidos por haber sido invitados al mundo de su pequeño hijo.

A la vez, para cada uno implicaba una oportunidad de abrirse y eso siempre es bueno en este contexto.

Puntualmente, a las docentes que eran maestras jardineras les revolucionaba la prolija formación tradicional que les daban en los profesorados. Incluso era una invitación a “desaniñarse”, porque el marco de Risas insistía en modos más adultos, menos infantiles. El lenguaje musical ayudaba en ese sentido.

A los docentes músicos, de perfil más “hippie”, los hacía ordenarse, anticipar, preparar los materiales y organizarse frente a los padres, porque iban a ser vistos.

Parecía una aventura para todos.

 

Puertas abiertas. La confianza al servicio de todos

 

La clave fue transmitir confianza a los maestros y a todo el equipo nuevo que se estaba formando. Todavía la pedagogía no había sido escrita, pero estaba en el aire. Tardé dos años en convencerlos de que los padres podían ser los mejores aliados de su tarea. En el ínterin, realizamos largos ntercambios y charlas en equipo.

Así pudimos entender cuán vulnerables y expectantes llegan los padres al jardín. Están felices, ansiosos, tensos y exigentes de ver cómo su hijo se integra con sus pares: los comentarios de los papás en las reuniones de inicio dan cuenta de esto.

Si como docentes comprendemos que los padres necesitan hacer la adaptación tanto como sus hijos y nosotros podemos facilitarlo, entonces la tarea se transforma. Tuvimos que reflexionar grupalmente acerca de los prejuicios y empatías entre maestros y padres. De a poco se fue instalando un código de participación y un modo común para todos. Pero hubo que explicar, enseñar, bajar ansiedades e intervenir. Las mamás primerizas, por ejemplo, necesitan un abordaje claro y amable.

Como es un largo recorrido, lo mejor que podemos hacer es recorrerlo juntos.

Trabajé mucho para que los maestros encontraran confianza en sí mismos y construyeran un lenguaje adecuado para realizar una intervención a una mamá. A muchos les daba pudor poner un límite a un adulto, pedir o señalar. Al intercambiar recursos, ideas, al sentirse bien en su rol y poner la situación en un encuadre docente y terapéutico, los maestros pudieron encontrar términos adecuados y también sentirse seguros para pedir silencio en forma efectiva, amable, enseñando qué necesita un maestro de los padres.

De a poco, surgieron recursos y estrategias. Entre todos, entendíamos que las mamás venían cansadas de la casa, con sus niños chiquitos, que necesitaban un mediador, querían disfrutar, relajarse y estar presentes pero sin exigencias. También comprendimos que el paradigma de la educación está cambiando y que estas nuevas formas participativas son nuevas y requieren ser recorridas con paciencia.

Cuando apareció esta comprensión, ya teníamos a mano los recursos.

Recorrimos un camino amoroso para poder crear un puente y vivir la experiencia de mostrarnos frente a los demás. A los maestros les decía que prefería verlos presentes, aun con temores, porque al estar expuestos y poner sus inquietudes en común, podíamos reflexionar sobre los emergentes. Compartir de esta manera, nos proporciona una profunda seguridad y nos acerca, dando tranquilidad incluso a los chicos.

Las mamás y los papás aprendieron a conocer el modo de los maestros y entendieron la idiosincrasia de cada uno, animándose a proponer y hacer pedidos específicos: “A mi hijo le gusta que lo sienten a upa para contarle un cuento” o “A mi hijo no le gusta que le den un beso y prefiere entrar de a poco en la sala”. Así, cada padre se convirtió en decodificador de su hijo ante los maestros, generándose muchas situaciones graciosas que facilitan la tarea docente: “Está haciendo caca”, “Pide la del cocodrilo”, “Pide la canción de las manitos”, “Está por llorar”, “Se asusta con los ruidos fuertes”.

La confianza en el compartir fue un gran facilitador, para que el ingreso al jardín sea un motivo de fiesta para todos.

La aparente e histórica tensión padres versus maestros se disolvió y se transformó en diálogo, canción mutua, en solidaridad y en valoración.

Hoy, esta cualidad de compartir la experiencia es una característica de Risas de la Tierra.

 

Jerarquías, orden y encuadre

 

También tuve que aprender ordenar la empresa.

Había pensado mucho en el oficio pero… ¡no me había dado cuenta de que estaba iniciando una empresa!

Mi conocimiento de la administración era intuitivo… tal vez por eso mismo me animé a abrir un jardín con tantos empleados. No es fácil sostener una empresa.

Además, hacer música, jugar con bebés, cantar en grupo y compartir la educación, mueve muchas emociones en las personas participantes y, para mí, fue natural armar equipo con los docentes, desde un lugar amigable, con el corazón abierto. Tocábamos una canción y, entre sonrisas, nos sentíamos unidos.

Pero también de a poco fueron surgiendo algunos desórdenes, típicos del aspecto empresarial, de los cuales aprendí mucho. No fue fácil, porque tuve que hacer el pequeño duelo de que mi jardín había cambiado y, entre todas las cosas, ya no era una red de pares.

Las jerarquías eran necesarias para un buen funcionamiento. Llegar a esta conclusión me llevó más de tres años.

De a poco fui tomando conciencia de que asumir el lugar de autoridad era fundamental. Aprendí que ocupar un rol claro, jerárquico, de autoridad, es un gran servicio para todos porque ordena el sistema. Viví este aprendizaje como un alivio, algo necesario para concretar la misión que nos convoca en Risas.

Fue un recorrido lleno de emociones donde también tomé cierta distancia y pude correr un poco lo personal de la escena.

A la vez, fui ordenando los aspectos administrativos porque el orden tiene que reflejarse en todas las áreas, y el asociarme unos años después con Lala Franco, mamá de Tom, un alumno del jardín, fortaleció esta dirección.

Actualmente, hay vínculos muy profundos y amorosos, la red de maestros es especial, hay reciprocidad y mucho respeto, están claros los lugares de cada uno y eso actúa a favor de todos. La música nos da un lenguaje en común que irradia las relaciones y cada día trabajamos para escucharnos de esta manera. Pero hay un director de orquesta y funciones delimitadas, para sonar como una gran sinfonía.

 

Una escuela de formación docente

 

Risas es una escuela de formación. Al igual que la pedagogía Waldorf y el Método Montessori, la impronta artístico-musical del jardín creó una huella propia, particular y característica. Cada vez recibimos más docentes que quieren formar parte y aprender la pedagogía. Actualmente, estamos aplicando un sistema de pasantías y organizando su transmisión.

Al mismo tiempo, aunque apelemos a la propia voz de cada docente-artista, tampoco queremos quedar expuestos al estilo libre de cada uno y a su comprensión de la propuesta.

Aprender acerca de Risas, primero requiere estudio y compromiso, leer, escuchar, ensayar.

Cuando logramos la permanencia de un mismo grupo de maestros-artistas, se da lugar a un gran crecimiento y a un ambiente relajado. Se oye hasta en la música, ¡sonamos afinados! Cada maestro va encontrando su lugar y aportando su impronta personal, lo cual enriquece nuestra manera de trabajar. Con su participación, se abren nuevas puertas para todos.

 

Cómo suena un jardín

 

Si, las instituciones también tienen su música. Como en una banda, en una orquesta, cada uno de los participantes tiene un lugar, un sonido propio que embellece el sonido general. En Risas hay un lenguaje sonoro, todos hablamos “idioma bebé” y los sonidos, fonemas, laleos, payasadas e instrumentos nos ayudan mucho para comunicarnos y disfrutar. No se trata de aniñarse, sino de entender la comunicación de los chicos. La pedagogía se ha ido enriqueciendo con este aporte, se fortaleció y los frutos son cada día más conmovedores y auténticos.

En este recorrido, el perfil de los maestros se fue volviendo más artístico.

Un gran descubrimiento fue el aporte de los maestros que vienen del clown. Esta técnica trajo un lenguaje muy lúdico y divertido, acorde a la comunicación de los más chiquitos, que se expresan por gestos, sonidos y movimientos. El clown resultó ser un lenguaje ideal para jugar, hacer presentaciones en las rondas de los viernes y alentar el humor y la expresión general. Además, los clowns están acostumbrados a hacer números sencillos, pequeñas cápsulas, performances cortitas, lo cual es ideal para los tiempos de los pequeños. Las maestras bailarinas trajeron movimientos nuevos y eso mismo inspiró a los chicos, porque a fin de año el sonido y la danza son una fiesta.

 

Risas de la Tierra es…

 

Una escuela que canta y baila, piensa, juega, pinta y mucho más.

Una pedagogía que habla sobre la magia de aprender.

Una escuela basada en la experiencia artística, sensorial, directa, un baño a los sentidos.

Un grupo de gente que aprende, hace música, que intercambia, discute, pregunta y construye un sistema de enseñanza para todos, permeable y abierto.

Una escuela que desea ser un recuerdo de felicidad, donde la experiencia de estar en grupos y conocer el mundo sea amable, generando una impronta positiva para el futuro.

Una escuela donde la música, el baile y el juego son parte del lenguaje y donde todos podemos comunicarnos y expresarnos de esta manera.

Una escuela que incluye la poesía y que transmite desde el corazón.

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Visita a la NEA 2000

Hoy Magda visitó la Nueva Escuela Argentina 2000 para conversar sobre los procesos creativos!!

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Grabamos los últimos coros de Risas del Sol!

Las niñas grabando los últimos coros del nuevo CD!!

Les presentamos a Sofía Fusco, Alison Bolsi, Lucero Tomasenia y algunos amiguitos de Magda que participaron en las grabaciones!

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Torta “Risas del Sol”

¿Sabés que pronto sale el CD Risas del sol?

Te contamos algunos tips y adelantos infalibles, secretos artísticos e indispensables:

 

Torta “Risas del Sol”

Hay una torta que forma parte de las grabaciones del disco y de los ensayos y aunque a veces me da fiaquita cocinarla, les aseguro que la música no es lo mismo si no está la torta de yogurth, que además, por cierto, la inventé yo aunque seguro que ya estaba inventada o alguno de ustedes la probó parecido, que no es lo mismo. Mientras tanto, y con el ánimo de seguir compartiendo buena música, les mando la receta para que prueben y desprueben en casa, que ya esta torta tiene tantas versiones como cocineros. A intentarlo!!

 

Mezclar dos huevos (orgánicos es mejor!) con medio vaso de aceite de maíz, un vaso de yogurth de vainilla (dale, casero es irresistible) y abundante esencia de vainilla, agregar ralladura de naranja ( vamooo, rallá un poquito más), dos tazas de harina leudante y una taza de azúcar. Lo mejor, je… fíjate vos la textura… porque todas las medidas van aproximadas!

Batir bien y llevar al horno durante 50 minutos! (Horno a temperatura media, que no se queme!)

 

Y si luego salís cantando o componiendo, mandá tus versiones y seguimos compartiendo… viste? Es una verdadera torta musical!

Abrazos!

 

 

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Risas del Sol

Risas del sol se viene con todo, ya falta poquito y tenemos nuevo CD!!
Una de las alegrías y lujos del Cd es que vino Ricardo Mollo a grabar!

Un gran invitado para el último Cd de la saga de los elementos, queridos amigos… Se viene el cd del fuego: RISAS DEL SOL

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Rita del Prado, Tita Maya y Claudia Gaviría de Cantoalegre visitan Risas de la Tierra!!!

Rita del Prado (Cuba), Tita Maya y Claudia Gaviría de Cantoalegre (Colombia) visitan Risas de la Tierra!!!

El viernes 17 vinieron a la ronda de la mañana y luego realizamos un intercambio de canciones y experiencias con los maestros. ¡Qué lujo de visita! Una alegría

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