El otoño en Risas…

Lo más llamativo del otoño es el viento, los días que se acortan y las hojas de los árboles que empiezan a ponerse amarillas.

Los chicos, que están cerca del suelo y observan los cambios en la naturaleza, aún en las ciudades, ven que algo cambia día a día.

Primero, se tienen que empezar a abrigar… y las mamás, los papás se ocupan de asistir e insistir para que se pongan suéteres, para que se vistan…para que dejen de andar desnuditos. El disfrute de la poca ropa y de la piel al aire ya no es posible. Llegan los primeros resfríos y algunas alergias, en especial las propias de la ciudad y los árboles urbanos que despiden sus frutos y hacen estornudar a los vecinos.

Nos despedimos del verano, agradecemos los días calurosos y largos, disfrutamos de los frutos de esa estación que se va y recibimos los que el otoño nos trae: comemos naranjas, hacemos tortas, algunos cocinan dulces de ciruela, durazno, cosechamos nueces y almendras. De a poco cambian las costumbres y el alimento, la ropa, las tareas y la vida cotidiana muta de la expansión del verano a la intimidad del hogar y la escuela.

Los chicos vienen más grandes, el calor los ayudó a crecer, a correr más rápido, a investigar el mundo hacia afuera, a dejar pañales, jugar en el agua y realizar grandes conquistas cotidianas.

El otoño nos invita a observar los cambios en la naturaleza, a encontrarnos con más motivos para tomar café o mate, ¡comer las facturas de Mondragón que siempre regala algún pancito a los chicos golosos! Cocinar tortas fritas o hacer tostadas que llenen la casa de olorcito a hogar.

Los tiempos se vuelven más internos, hay más necesidad de siesta, de levantarse más tarde… aún para los chicos que siempre tienen energía de sobra… de estirarse y sacudir la modorra y protegerse del frío que es una presencia muy cambiante. Quedan algunos días tibios que se cuelan entre grandes fríos y la gente trata de encontrar una lógica al otoño, que es bastante impredecible y nos pide atención y mirada cotidiana… “¿cómo está el día hoy?”… Nos ponemos campera, nos la sacamos, nos ponemos gorro y parece exagerado… en la calle se ven jóvenes en remera y señores con bufanda… cada uno busca su manera de vivir estos cambios y los más distraídos se resfrían sin darse cuenta de abrigarse.

Los rituales nos reúnen en una ronda y en una experiencia compartida. Nos permiten recordar el cambio, las rutinas de abrigo y prepararnos con lo necesario para vivir un otoño con salud y flexibilidad al cambio. El contexto del ritual más simbólico es religar el afuera y el adentro. Acompañar los días cada vez más cortos y  menos luminosos donde los árboles se deshacen de sus hojas.  Acompañar el movimiento de la energía que  tiene un punto de inflexión en el verano y se retrae. Junto con la estación, cambia la dirección del afuera al adentro de cada uno. Es tiempo de aquietamiento, de reflexión sobre nuestras acciones.

Tiempo de “parar” el vértigo del afuera, y ver, vernos… descubrir que “hojas” necesitamos dejar caer y soltar para este nuevo año. Para poder buscar, buscarnos dentro de cada uno y despojarnos de lo viejo con la confianza de que luego renacerá.

En Risas tenemos nuestro ritual para cada estación. Hacemos nuestra pequeña tribu y la disfrutamos. En el otoño, el ritual es un encuentro simple, donde armamos una cueva liviana con telas para escondernos y almohadones blandos… tenemos paneras con frutos de la tierra, uvas y delicias hogareñas… Tomamos mate, té con miel, comemos tostadas con dulce y charlamos a gusto acerca de los detalles de estos días: Los cambios de guardarropa, los abrigos nuevos, el adiós a la malla, la nostalgia del verano y los anhelos y deseos de esta época que comienza con muchos proyectos. Cantamos, zambas, tonadas y ritmos tranquilos. Decoramos las paredes de las salas con hojas y nos hacemos collares con semillas de jacarandá pintadas y ramitas de colores. Risas de la Tierra se llena de tonos rojizos y de colores cambiantes, vamos del verde al ocre y todo en cuestión de días. La magia del otoño se hace presente en las rondas y en el repertorio de las salas.

El Ritual del otoño está empezando en Risas y sigue cada día.
Esperamos compartir con ustedes esta época de ilusiones y descubrimientos.

Los invitamos a recorrer las calles y plazas junto con sus hijos, atentos a estos cambios, dando tiempo a mirar los árboles y a respirar juntos la estación del Otoño. Es espontáneo, natural, no tiene que ser forzado.

Los chicos tienen un ritmo natural que va acorde a la naturaleza y están más en contacto con ella que los adultos. Los grandes nos aturdimos con nuestras tareas y a veces nos perdemos la posibilidad de estar conectados con nuestro contexto. El otoño nos enseña muchas cosas. Desde la confianza y entrega de soltar, sabiendo que hay un tiempo para cada cosa, a la belleza de los cambios.

Desde Risas de la Tierra queremos compartir este momento del año con las familias y transmitirles a los chicos la importancia de escuchar los ritmos naturales y disfrutar los frutos de cada época.

Un saludo cariñoso y ¡Feliz otoño para todos!

Magda

 TIEMPO DE OTOÑO de Magdalena Fleitas

El otoño es una calle en bicicleta, un camino de hojas secas

Una tarta de manzana con limón.

El otoño es un dulce de membrillo, un fresno todo amarillo

Un roble teñido en rojo, cobre y marrón

Ämbar, ambarina

Hoja que cae, bailarina

Ya habrá tiempo para flores

Ahora es tiempo de soltar y dejarse llevar

Dejarse llevar

Por la canción del viento

El otoño es una calle en bicicleta, un ciprés de hojas inquietas

Una siesta abrigaditos bajo el sol

Es el viento despeinando las veredas, los chicos yendo a la escuela

Y un señor barriendo el tiempo con su escobillón.