Método: propuesta artística y pedagógica

“Risas de la Tierra” es un Instituto de Enseñanza dedicado a:

  • La Iniciación Artística Musical en la primera infancia
  • La difusión del arte en todas sus áreas.
  • Ser un Espacio feliz para toda la familia.

PROPUESTA ARTÍSTICA Y PEDAGÓGICA

SÍNTESIS

  • Educación No Formal Artística con orientación Musical.
  • Complementaria o Alternativa a la Educación Formal. Algunos de los niños que participan de nuestra propuesta, además en el contraturno concurren a un jardín de infantes.
  • Las familias pueden elegir la frecuencia de participación de sus hijos más pequeños: 2, 3 o 5 veces por semana. Optativo y no excluyente.
  • La duración de cada jornada es de entre 2 y 3 horas.
  • Carácter familiar de la propuesta y Puertas abiertas a los padres. Los padres participan diariamente de los encuentros en las clases de sus hijos y pueden entrar a las aulas cada vez que lo deseen.
  • Atención personalizada: 1 adulto cada 5/7 chicos. Supervisión permanente de los proyectos artísticos por grupos. Capacitaciones continuas.
  • Contenido Artístico por excelencia, no basados en la curricula oficial. El Método y abordaje es propio, único y novedoso. Lo artístico presente en lo cotidiano, como una experiencia diaria y profunda, no como una actividad semanal.
  • Conciertos diarios abiertos y participativos para todas las familias como cierre de jornadas, por grupos.
  • Exposiciones periódicas de arte y talleres.
  • Docentes a cargo de los grupos con formación artística, especialmente músicos.
  • Fuerte anclaje en lo musical. Hemos grabado tres discos, estamos en plena producción del cuarto. Los niños participan de las grabaciones y los maestros tocan los instrumentos.
  • Abrimos permanentemente nuestras puertas a la comunidad barrial, realizando Fiestas en el Boulevard, Conciertos, Espectáculos de Clown y otros.

Fue becada por el -Fondo Nacional de las Artes (año 1996). Sus eventos para la comunidad fueron declarados de “Interés Cultural” por la Legislatura de la CABA nov. 2008.

DESARROLLO:

Nuestra propuesta pedagógica se basa en un proyecto de educación no formal único, innovador y familiar. Contempla, acompaña y estimula el crecimiento de los chicos con una orientación claramente musical, promoviendo el desarrollo armónico de los niños en un encuadre de cuidado, cariño, juego y creatividad. Valorizamos el desarrollo de la capacidad creadora haciendo énfasis en el trabajo de las áreas artísticas y consideramos que el juego simbólico es un recurso fundamental para llevar a cabo este crecimiento en un marco de alegría, imaginación y creatividad. Parte del proyecto y base del trabajo es que los docentes y adultos se involucren jugando, compartiendo activamente, animándose a bailar y cantando para estimular a los chicos en su aprendizaje de la vida.

Proponemos despertar las facultades de mirar, escuchar e inventar desarrollando un sentido personal y creativo, favoreciendo así una “Pedagogía del despertar” (Francois Delalande). Que en el hacer cotidiano, en los juegos, aventuras y desafíos a los que se enfrenten, los chicos sientan el deseo de ir más allá, de investigar y construir conocimientos, técnicas y recursos para enriquecer y profundizar sus experiencias.

Buscamos desarrollar una sensibilidad abierta, curiosa e inquieta que los lleve a observar con atención, a aumentar su capacidad de escucha y a recibir con interés los estímulos que pueblan nuestra vida y hacer cotidiano. Despertando a todos ellos, incorporando información y recursos que les posibiliten la comprensión de los mismos y así, de a poquito, ir imprimiendo a todo aquello que los conmueve un sello propio e individual.

La educación por el arte es una disciplina que realmente se concentra en el desarrollo de las experiencias sensoriales, por lo tanto es importante incentivar a los chicos a usar sus sentidos libre y creativamente, desarrollando actitudes positivas hacia ellos mismos y hacia quienes los rodean. Por ello creemos que el valor del Arte debe estar presente en la educación. No como una actividad semanal, sino como una experiencia cotidiana y profunda. En todos nuestros encuentros se escucha y se hace música. Tocamos diferentes instrumentos, cantamos a varias voces y el clima general se puebla de sonidos y melodías. Todos los docentes están vinculados al arte, tocan algún instrumento, ya sea guitarra, piano, violín, flautas, etc.; vienen de las artes plásticas o la expresión corporal y la danza. Y por supuesto: todos cantamos.

En este proyecto privilegiamos un desarrollo integral de todas las capacidades: cognitivas, motrices, afectivas, sociales y expresivas. Este proceso adquiere formas diferentes según las edades. En cada momento se revelan diversas necesidades y nuevas posibilidades.

La modalidad es generar encuentros con experiencias interesantes y enriquecedoras en lo personal y en el compartir con el otro. El resultado de los mismos, dado que siempre van acompañadas de una “intención”, deviene en aprendizaje.

Por primera vez los chicos forman parte de un grupo de compañeros y amigos en situación de “paridad”, incorporan pautas, normas y valores que se adquieren en esta interacción, en un marco de sumo cuidado, intervenciones y escucha de los adultos que guían y acompañan. Por lo cual se afirma una impronta básica de seguridad al ser bien cuidado, mimado y se construye una matriz positiva de primera socialización que queda para toda la vida como un recurso fundamental.

Es importante recalcar la posibilidad de recorrer estos primeros pasitos en grupo en un espacio cultural, impregnado de voces y canciones; un lugar seguro y familiar donde los chicos y los papás se sientan contenidos y puedan compartir juegos, cuentos, exposiciones, bailes y conciertos cotidianos.

Nuestra propuesta contempla diferentes maneras de participación, dependiendo de la edad, el interés y la necesidad de cada uno de los niños. Pueden participar asistiendo a grupos en la modalidad de dos o de tres veces por semana, por períodos de tiempo no mayores a tres horas.

FIESTAS INSTITUCIONALES LA RONDA: La Gran Fiesta Semanal

Una vez por semana (los viernes a las 11.40 hs. y 16.30hs) invitamos a toda la familia a compartir una “ronda musical” para cantar, tocar instrumentos, bailar, contarnos las últimas novedades, hacer un número de títeres, clown, y disfrutar un momento todos juntos.

Los docentes preparamos conciertos de piano, violín, flautas, percusión y guitarra para compartir nuestras canciones preferidas. A veces hacemos bailes con cintas de colores, tules, vestuario, accesorios y paracaídas gigante. Siempre nos visita algún abuelo pianista, un papá que toca guitarra, una mamá que canta o una tía que toca el violín.

LA FIESTA DE LA MÚSICA

El 22 de Noviembre es el Día de la Música por lo cual Risas de la Tierra se viste de colores y canciones. Nos gusta compartirlo con el barrio y que sea una fiesta familiar y popular. Para celebrar el fin de año y también por las ganas de compartir en familia los logros de los chicos y las producciones que fueron realizando a lo largo del año, realizamos GRAN MUESTRA DE ARTE y FIESTA DE LA MÚSICA que se realiza la semana del 22 de Noviembre de 17 a 20.30 hs. en el Boulevard Cerviño. Organizamos un evento importante, interactivo y abierto. Durante toda la tarde a partir de las 16.30 hs se acercan los abuelos, amigos y familiares que desean. Están todos invitados. Las puertas están abiertas y cada detalle cuidado atentamente.

Participa del evento el Foro de Seguridad y Prevención de Palermo que nos acompaña durante la tarde. La calle Cerviño la cortamos, puesto que a partir de las 17 hs. realizamos una serie de conciertos, números de clown y juegos musicales en un escenario montado por la Municipalidad.

Actúan los docentes, Magdalena Fleitas y su banda, artistas, en estos años actuaron invitados como Luís Pescetti, Fito Páez, Iván Noble, Kevin Johansen, compañía de Sikuris. Números de clown y sorpresas.

Hay rincones y espacios diferentes para participar de diversas maneras.

Los chicos de los Talleres de Arte se ubican en el Boulevard y preparan murales y materiales para pintar entre todos.

LA FIESTA DE LOS FAROLITOS: CELEBRACIÓN DEL INVIERNO

A fines de Junio, para la llegada del Invierno de 18 a 20hs. realizamos uno de los encuentros más especiales y emotivos: La Celebración del Invierno y la ¡Fiesta de los Farolitos! Es una antigua tradición europea y nos encanta compartirla con la familia y los vecinos. Nos reunimos casi de noche, por lo cual cada uno tiene que tener su farolito luminoso. Compartimos un encuentro lleno de canciones, música y sorpresas, un espectáculo de baile y juego al ritmo de canciones y a la luz de nuestras linternas caseras.

Como en la Fiesta de la Música nos encontramos en el Boulevard frente a nuestro espacio. Las puertas de la Risas de la Tierra están abiertas para que puedan subir, dejar sus cosas, acomodarse, ir al baño y descansar. Todo está muy cuidado, con personal dedicado a la seguridad y organización de la fiesta. Vamos a encender una pequeña fogata para prender nuestros farolitos simbolizando la propia luz en el frío del invierno y la caminata en familia y comunidad. Todo en un clima de cuidado, canciones y ayuda mutua. Participa la Comisaría del Barrio y extendemos la invitación a ex-alumnos y a los alumnos de los Talleres, a la Panadería Mondragón y los vecinos que quieran acercarse.

Nos gusta compartir los preparativos con ustedes y que la propuesta sea realmente participativa.

Luego de la guitarreada y canciones alrededor de la fogata podremos seguir compartiendo un lindo momento, intercambiar y descansar de tantas emociones.

UNA ESCUELA QUE JUEGA

La escuela puede recuperar el espacio del juego para ofrecerlo a la infancia. Especialmente en el jardín de infantes, el sólo hecho de jugar es fundamental en sí mismo. El ambiente sonoro-musical es muy propicio para un buen crecimiento y para ambientar juegos creativos. Desgraciadamente, para la educación formal, siempre tiene que haber una explicación acerca del juegos. En las capacitaciones de las maestras jardineras, por ejemplo, cada vez que se transmite una actividad placentera, como jugar con arcilla, se enumeran los beneficios y adquisiciones, sin focalizar en el placer de la experiencia en sí misma.

Los conceptos “construir el conocimiento” “anticipar hipótesis” “adquirir habilidades” “desarrollar la motricidad” por sobre todas las cosas, muestran que la educación sigue dirigiéndose a un modelo antiguo, que se orienta principalmente al conocimiento, al ser “competente” y a un supuesto desarrollo del niño. Las experiencias directas, profundas, felices, a través del arte, en un ambiente de escucha y alegría, son la base de Risas de la Tierra y a lo que nos dedicamos cada día. Todo lo demás, las adquisiciones, las construcciones y el conocimiento… vienen por añadidura. Focalicemos entonces, en la calidad de las experiencias y en el desarrollo de las mismas. El pedagogo Sir Ken Robinson desarrolla este tema diciendo que nuestra educación toma en cuenta sólo las cabezas de los seres humanos y principalmente un hemisferio en particular. En su ponencia “¿Matan las escuelas la creatividad?” desarrolla este tema magistralmente. /TED 2008 Los contenidos curriculares de las escuelas y los pedidos de los padres deberían reformularse al servicio de niños felices y de las familias incluidas en la escolaridad. Así como están las cosas, es urgente que la Escuela juegue, cante y baile para crear una comunidad más feliz y sana. Si un maestro canta con los chicos, si un Director invita a bailar en el patio y todos los docentes participan, es una maravillosa educación, donde los niños ven a los adultos disfrutar de lo que hacen y crecen en un mundo positivo, donde compartir es posible.

¿Qué futuro queremos para nuestros hijos? ¿Qué escuela queremos construir? ¿Estamos dispuestos a recorrer este camino?

Implica tiempo, entrega, escucha, encuentro con otros, tolerancia, claridad y mucha comunicación. Los grandes tenemos una responsabilidad mayor que la transmisión de conocimientos y la enseñanza de contenidos y tecnologías.

Los adultos somos los modelos de los chicos y si bien cada uno aprende a vivir la propia vida, hay valores, ideales y búsquedas personales que deben transmitirse. Podemos mostrar a los chicos que en la vida adulta también intentamos ser felices y conocernos a nosotros mismos. Que eso es algo que se construye con paciencia, paso a paso. Que para logarlo necesitamos comprender la complejidad de la vida, experimentar, conocernos y comunicarnos. Un adulto que se muestra vulnerable ante sus hijos o alumnos, está enseñando que se puede vivir en un mundo sin estar a la defensiva y sin establecer batallas. Puede enseñar que los adultos no sabemos todo, pero que igual podemos ir a buscar eso que nos interesa saber. O aceptar los misterios de la vida. Al compartir con los niños nuestros hobbies que complementan el trabajo diario, al mostrarles que también podemos hacer lo que queremos en medio de las obligaciones, les estamos abriendo un posible futuro. Donde a veces sabemos jugar, cantar, bailar, podemos enojarnos, llorar, construir un trabajo que nos apasione, compartir y participar de un mundo que por momentos respira de las rutinas y se ríe de sí mismo.

LA ESCUELA QUE ENSEÑA

En Risas el método pedagógico se basa en la experimentación. Entendemos la palabra enseñar como “sacar de adentro hacia afuera”.

La escuela puede brindar un marco para que el ser humano se desarrolle de acuerdo a sí mismo, a su propia inteligencia personal. Descubriendo cuál es su manera de estar en el mundo, de moverse, de pensar, jugar y vincularse. Para esto tiene que haber una gama amplia de experiencias: momentos de lectura combinados con pintura, música, baile y aventuras en el patio. Momentos de charla e intercambio, espacio para los mimos y el descanso. Momentos de escucha y de silencio. El jardín es una gran oportunidad para encontrar estos recursos lúdicos, expresivos y técnicos. Nos hace felices ver la esencia de ese niño en acción, aceptando su naturaleza y dándole herramientas para compartir con otros sin perder la propia voz. En cuanto a la famosa “Construcción de los Conocimientos” que plantea la educación formal, tenemos un recorrido claro, basado en la experiencia directa. Primero tocamos el objeto, lo sentimos, lo conocemos y luego lo nombramos. No es al revés. Nombrar como demostración de que “sabemos”, por acumular información y repetir como loros no es aprender ni saber, ni construirconocimientos. Actualmente, entre los momentos de lectura en Risas y de las rondas de intercambio, siempre hay un momento para bailar o cantar en grupo. Nos hace muy felices y he descubierto que a los padres también. Muchos papás comentan que ellos mismos sanan sus propias infancias escolarizadas a través de una propuesta que les hace bien, donde sienten que al fin pueden pertenecer y que ese ambiente musical los emociona tanto como a sus hijos. Abre todo un espectro en las familias, donde los chicos escuchan en sus casas las canciones de la abuela, de su papá y se encuentran, se conocen, aprenden del otro y van comprendiendo quién es cada uno, porque hay algo a través de la música que dice: escuchar tiene sentido. Este es un aprendizaje maravilloso.

PORTARSE BIEN VS. PASARLA BIEN

A los maestros de Risas, les pido especialmente que al despedir a los chicos, no digan a los padres “se portó bien”. “se portó tan mal” Son modos de hablar de la conducta que ya envejecieron, que responden a antiguos modelos y el intercambio que queremos generar es diferente. Una manera creativa y abierta de relatar la mañana es contar cómo la pasó ese chico, a qué jugó, si estuvo triste o contento, si hubo algo llamativo para comentar. Entonces, cuando un papá pregunta ¿se portó bien? La respuesta que damos es “la pasó muy lindo, estuvo contento, en la ronda bailó y bailó hasta que todos lo siguieron” ó “estuvo sensible, le dolía la pancita, necesitó que lo tuviéramos a upa” y también “hoy estaba bravísimo! Parecía enojado ¿pasó algo? Lo tuvimos que calmar y buscar una propuesta más tranquila para poder compartir”

PADRES OBEDIENTES VS PADRES ACTIVOS

Para los jardines tradicionales, la idea del “espacio propio” y del orden en el jardín, se sostiene con la ausencia de los padres. En lo posible, con los mínimos reclamos y pedidos de parte de ellos. Un padre que pide reuniones o habla mucho por su hijo es considerado “pesado”, demandante o sobre-protector. De esta manera, el surco recorrido durante siglos por la escuela, no sólo deja a los niños librados a un modelo defensivo de vida sino que deja solos a los padres y a los maestros.

En el período de adaptación de muchos jardines, se obliga a la separación de la mamá como una forma higiénica institucional. Cuando un chico llora, el padre puede estar en la sala de al lado escuchándolo, pero sin la posibilidad de acercarse para el abrazo tan necesitado. Es impactante cómo sigue teniendo ese poder la escuela.

¿Cómo puede ser que una mamá se quede tensa del otro lado porque la maestra dice que no entre? ¿Tanto nos encasillaron en la escuela para seguir “haciendo caso” incluso en la adultez y con lo más preciado de la vida que son nuestros hijos? Creo que las ideas erróneas y las convicciones al respecto hacen mucho daño. Provocan que una mamá dude de sí misma y se sienta insegura de intervenir, tratando de hacer caso a la maestra, que la convence con principios. Las maestras y las Directoras, insisten en que ese llanto pasará y que es importante que ayudemos a los chicos a independizarse y a estar solos en su grupo. Dicen que “eso es bueno para todos”. Lo más llamativo del tema, es que estamos hablando de niños de 1, 2 ó 3 años, pequeños seres, que llegan del reinado de su casa y encuentran que ingresar a una Institución es algo amenazante, un lugar lleno de reglas arbitrarias, donde deben aguantar el llanto, porque de todos modos, sus papás no podrán ingresar para estar con ellos. Por eso muchos chicos no quieren ir al jardín. Esa es una señal para escuchar.

CONSTRUIR LA ESCUELA ENTRE TODOS

La idea de “grupo” es algo muy nuevo en nuestra sociedad, todavía nos cuesta compartir los territorios comunes. Continuamente intentamos poner reglas para sentirnos seguros.

Nos llamamos a la “civilidad” y a la buena conducta, intentando reprimir y ordenar nuestros deseos primitivos de cruzar la calle cuando queremos, de tirar cosas en espacios públicos, de gritarle a la maestra que así no queremos educar a nuestros hijos y así sigue la larga lista de adaptaciones diarias, en pos de una buena civilización. Pero una buena civilidad y una buena convivencia no se construye por igual en todos los escenarios urbanos. Una cosa son las leyes de tránsito, que no se transgreden, por un tema de seguridad. Y otra muy distinta es someterse a las leyes de la educación tal como está planteada. Porque la humanidad pide urgente una escolarización más amable, más flexible y que escuche la naturaleza de los niños en forma más creativa y lúdica. Las reglas pueden ordenarnos y ayudarnos a crecer con otros. Son fundamentales. Pero en exceso, en el ámbito de la educación, también pueden reprimir los miles de pulsos infantiles, la creatividad, el llamado de cada uno en esta vida y transformar el crecimiento de los niños en una adaptación a un molde copiativo, doloroso e ineficaz. Más allá del cumplimiento de las reglas y la repetición de contenidos, todavía no aprendimos a construir una escuela que nos haga felices. Ya sea desde madurar la posibilidad de compartir, escuchando nuestro deseo y aprendiendo a pedir, a cuidar a los otros y a acompañar a nuestros hijos en una socialización amable.

Hacia una Educación Sonora
R. Murray Schafer Ed.
Pedagogías Musicales Abiertas.- año 1994 Síntesis de Magdalena Fleitas para Risas de la Tierra.- año 2009

El tema que nos preocupa es el sonido y la tarea consiste en sugerir a los maestros algunos caminos que puedan ayudarlos a escuchar con mayor eficacia. El escuchar es importante en todas las experiencias educativas. La escucha sucede continuamente aunque esto nos guste o no, pero el hecho de poseer oídos no garantiza su efectividad. La educación de los sentidos, entre ellos la audición, es de fundamental importancia. Existe una diferencia entre escucha focalizada y escucha periférica. ¿Por qué focalizamos ciertos sonidos y escuchamos superficialmente otros? Elegimos sonidos para escuchar y sonidos para ignorar.

El “Soundscape” -paisaje sonoro- es el entorno acústico y campo sonoro total. En todas partes del mundo en la actualidad el paisaje sonoro está cambiando. Esto ha producido un entorno más ruidoso y mayor ensordecimiento. Pero aparte de los daños fisiológicos producidos por la polución sonora ¿cómo llega a ser afectada psicológicamente nuestra escucha? El paisaje sonoro moderno ha estimulado el apetito por el ruido. Podemos transformar este tema negativo y alienante del ruido en una propuesta positiva de diseño del paisaje sonoro. Este diseño del paisaje sonoro se hace desde adentro. Y se logra a través de la estimulación de personas en grupo que aprenden a escuchar los sonidos que les rodean con mayor atención crítica. ¿Cuáles son los sonidos que quisiéramos conservar? Tenemos que aprender a escuchar. Pareciera que se trata de un hábito que hemos olvidado. Debemos sensibilizar el oído al milagroso mundo sonoro que nos rodea. La escucha nos lleva a lugares donde no llega la mirada. Los oídos ven a través de las paredes y a la vuelta de la esquina. Cuando algo está escondido, el sonido nos revela su ubicación y su significado.

La “Limpieza de Oídos” es una colección de ejercicios cuyo objetivo primordial es comenzar a tomar decisiones conscientes sobre el propio diseño de nuestro entorno sonoro. Algunos ejercicios se relacionan con la percepción auditiva y la imaginación. Otros con la producción de sonidos y los últimos se refieren a los sonidos en la sociedad. De esta manera, anotando, observando los sonidos que nos rodean, vamos conociendo nuestro propio paisaje sonoro. Escuchamos a la distancia y en la cercanía. Agudizamos nuestro oído para percibir diferencias y registrar nuevamente los sonidos cotidianos que no sabemos atender. Podremos escuchar las “sombras acústicas” y cómo el sonido viaja en el aire, cambiando su timbre, intensidad y color. El Diario Sonoro es una propuesta para registrar y anotar algo cada día. Los sonidos curiosos que hemos escuchado, la reacción ante los mismos, pensamientos generales ante el entorno acústico, etc. Se puede intercambiar con el grupo y observar los diferentes registros de escucha que tenemos las personas.

Conozca la Pedagogía Waldorf

Jardín de Infantes:

Introducción:

¿Qué necesita un niño desde pequeño para que pueda desarrollar sus disposiciones en forma positiva? ¿Qué estímulos necesita, si que por ellos se condicione hacia una dirección o un rol determinado, ya sea el de científico o el de obrero que realiza un trabajo en serie?.

Veamos un poco las leyes de crecimiento del niño, de acuerdo a las cuales podremos organizar nuestras medidas pedagógicas. Estamos llamados a tener conocimiento sobre lo que se quiere desarrollar en el niño en un momento determinado de su vida, y sobre lo que aún quiere seguir dormitando para luego ser despertado en pleno florecimiento. Hoy en día, no son suficientes un corazón lleno de amor ni las buenas intenciones educativas. Es necesario un amplio conocimiento antropológico, para derivar de allí, conforme a la época, métodos educativos.

El niño como “órgano sensorio”

El niño tiene otra relación con su medio ambiente que el adulto. El adulto, en su comunicación con el mundo externo, está dirigido generalmente por ideas, metas prefijadas, representaciones y opiniones. Ellas también influyen sobre su percepción. En el niño no es así, ya que las fuerzas del pensamiento se desarrollan progresivamente. Por lo tanto, él queda expuesto en forma mucho más directa e inmediata al mundo que lo rodea y que fluye a través de él hacia todas sus extremidades. Pasemos por el lactante, en el pecho de la madre: la percepción gustativa llena el pequeño ser. Todo su cuerpecito es todavía “órgano sensorio”. Con algunos años más, sentado quizá en el tren, ¿qué vive en su alma? El niño seguramente no se preocupa por los precios en los negocios, sino que queda fascinado por los letreros luminosos, se irrita por el atropello de la gente, siente el calor en el coche, sigue en su interior las curvas y aceleraciones del tren, huele la transpiración de las personas y los gases de escape, es aturdido por los ruidos y por el apuro de la gente y de los autos. El niño no puede desconectarse de todo ello o concentrarse conscientemente sobre un objeto. Es asombroso todo lo que el niño percibe: que la tía Ana hoy tiene un grano en la boca…, que el pijama del abuelo tiene un lindo perfume…

Esto es debido a que el niño requiere sus fuerzas para las percepciones y no para los contenidos intelectuales.

Si el niño estuviera obligado desde temprana edad a comprender todas las explicaciones posibles, a recordar todo tipo de encargos y advertencias, entonces no le quedarían fuerzas suficientes para construir sanamente su cuerpo físico.

Rudolf Steiner describe cómo el niño está ocupado con la construcción de su cuerpo físico hasta el momento en que se produce el cambio de dentición. Todos los órganos: el hígado, el corazón, el estómago y también el cerebro y los órganos sensoriales, se diferencian y se desarrollan durante el primer septenio. En este momento se construyen las bases de la salud para los años posteriores. No sólo se determinan las disposiciones físicas fundamentales, sino que, conjuntamente con ellas, también las psíquicas, porque lo psíquico está en estrecha relación con lo físico, como lo dicen repetidas veces los médicos y psicólogos.

¿Y la organización física a través de qué se desarrolla? A través del intercambio con el medio ambiente. Por un lado, esto sucede mientras el ser humano recoge alimento y aire y luego elimina, pero también por el hecho de que el hombre recibe percepciones en su interior y saca de ellas hechos. Las percepciones sensoriales son alimento para el niño, alimento sano o perjudicial. Todo recuerdo o comprensión forzada conscientemente por el adulto debilita al niño. Estos niños se vuelven pálidos, nerviosos y endurecen tempranamente. Recién con el cambio de dientes llega el momento en que podemos apelar a la memoria del niño. Antes, los recuerdos aparecen espontáneamente y están unidos en forma directa, así como las ideas, a las experiencias. Si observamos cómo el niño, antes de la edad escolar, vive en el mundo de las impresiones sensoriales, y cómo éstas influyen en su formación orgánica, nos tendríamos que ocupar con la siguiente pregunta: ¿Cómo tendrían que ser las impresiones sensoriales del medio ambiente del niño para que él se desarrolle sanamente? Se tendrían que exigir de ellas que: 1.- sean visibles y en cierto modo comprensibles, 2.-sean diferenciables, activando todos los sentidos y que posibiliten múltiples experiencias, 3.- no invadan al niño, poniéndolo nervioso y caótico.

A estas exigencias aspira el Jardín de Infantes Waldorf. Pero debiéramos tener en cuenta estas observaciones ya desde el primer año de vida del niño.

Los juguetes

Echemos una mirada dentro de la sala del Jardín de Infantes. Veremos que hay pequeños y grandes canastos conteniendo piedras, caracoles, carozos de duraznos, cortezas de árbol, castañas, rodajas de troncos de abedul de diversos grosores, raíces, trapos multicolores de algodón, lino, seda, cordones y retazos de tela. Sobre los estantes veremos muñequitas simples de manufacturación propia y animales de madera, de lana, de pañolenci, fuentecitas y cuencos. Las sillas, las mesas, los tablones y los parantes son movibles para demarcar los rincones de juego.

Los niños palpan y perciben los diversos materiales al jugar a la casita, al almacén, al circo, al atener a sus muñecas, al crear paisajes y escenarios para sus muñecos y animales. Constatan su peso, al tacto sienten lo blando y lo duro, lo áspero y lo liso, lo cálido y lo frío; deben equilibrar los diversos tronquitos, aspiran el aroma de las maderas frescas. Todos los sentidos entran en acción; tal despliegue de percepciones no se logra con juguetes de plástico. En estos objetos pueden adivinar su estructura, mientras que es incomprensible par aun niño la mecánica de un auto a control remoto o una muñeca que habla. Tampoco debe haber abundancia de juguetes. Cuantos más juguetes haya, menos tenderá el niño a relacionarse íntimamente con ellos. Y bien, ¿qué se activa, qué se despierta en el juego?

En la pedagogía tradicional se habla de ámbitos emocionales, cognoscitivos y sociales, referentes a la vida anímica del hombre. El educador ve como objetivo fomentar estos ámbitos. Durante algún tiempo se tomaron medidas para desarrollar la inteligencia en un marco de igualdad de chances, juegos educativos de todas clases invadieron el mercado. Hoy en día encontramos junto a los juegos que activan la inteligencia, juegos para promover las conductas emocionales y sociales. Todos estos juegos están bien embalados en cajoncitos y constan especialmente de maderitas o tarjetas pintadas, de dados y de personajes. Surge la pregunta: si apresuramos demasiado el camino para nuestros niños, si le dejamos jugar con estos juegos didácticos que apuntan preferentemente al ámbito cognoscitivo… ¿no sucumbirá una fuerza esencial, la fuerza propia del hombre, la fuerza creadora? Esta fuerza creadora procura algo nuevo, algo que no es derivado casual de lo existente. Esta fuerza creadora origina algo único porque surge de dentro del individuo mismo. Sólo el hombre como ser libre tiene la capacidad de configurar algo nuevo; el hombre es movido por algo más que por impulsos e instintos. Todo hombre se enfrenta en su vida a situaciones que sólo él puede solucionar, movido por fuerzas propias. Y también la sociedad en general se encuentra frente a problemas, ya sea en el ámbito científico o social, donde lo conocido resulta obsoleto y son necesarios nuevos impulsos e ideas. La fuerza creadora mantiene viva la vida. Sin ella nos encontramos huecos, necesitamos siempre nuevos estímulos para llenar un vacío. Las manías, la destrucción, la falta de ganas de trabajar, la negación a la vida y el impulso de poseer cada vez más cosas, son consecuencias del bloqueo de las fuerzas creadoras. Pero estas fuerzas creadoras deben ser provocadas; necesitan de estimulación para poder volcarse en un trabajo activo. Por lo tanto, es necesario estimular la fantasía en forma correcta durante los años preescolares, y no las fuerzas del pensamiento y del juicio favoreciendo la imaginación y el juego simbólico. Si damos al niño hermosas muñecas con ojos movibles y con voz, tiene frente a sí algo concluido, terminado, al cual él no le puede agregar nada. Por el contrario, si a un niño de tres años le damos un trapo en el cual hemos hecho un gran nudo en el centro, quizás también rellenado con lana, otros pequeños nudos en los extremos a modo de manos, quizás insinuando ojos y boca, entonces se convierte en una muñeca. El niño, en cuanto no esté afectado por un medio ambiente adverso, logra insuflarle vida, convertirla en un compañero de juegos, el cual necesitará una camita, sufrirá de frío y tendrá hambre. El niño necesita, en su rincón de juegos, objetos inconclusos, apenas insinuados. Lo que exteriormente no está completo es necesario completarlo interiormente. Y esta actividad interior de la fantasía es esencial. Si recorremos una juguetería, encontramos muchísimos juguetes lindos y no tan lindos, en los cuales la participación ya está más o menos reglamentada. Incluso el hermoso almacén con caja registradora, dinero falso, cajitas diversas con los productos impresos, ¿estimula al niño a una actividad interior? La caja del jabón en polvo queda como tal. En cambio, un objeto natural como ser una simple castaña, puede convertirse en una papa, o en un alimento para los caballos, o bien puede rallarse para ser la comida de la muñeca. El niño no necesita mucho para imitar los diversos acontecimientos. Un simple trapo puede ser el manto del rey, la hamaca de las muñecas, la pared o el techo de la casita, el delantal o la bolsa de compras, el vendaje de un accidentado o un cubrecama, la bolsa de dormir de la muñeca, o la muñeca misma. No quisiéramos dejar de mencionar un ejemplo de extrema contradicción con lo que acabamos de esbozar: la televisión. En ella, toda impresión, toda experiencia está preestablecida. La televisión no fomenta la creatividad propia: las imágenes son impuestas al niño en forma incondicional. Existen niños que delatan por medio de su forma de hablar, su forma de caminar y sus gestos, las imágenes que les impresionan. Las imágenes televisivas penetran profundamente en su ser. Un niño pequeño no puede elaborar estas imágenes. Allí está el ratón Mickey que se mueve en forma muy amena, frecuentemente con tanta rapidez que casi no se le puede seguir. Repentinamente desaparece: ¿adónde fue? ¿Cuándo regresa? Un niño sano y curioso debería buscarlo detrás del televisor y quizás debajo del sofá. Debería querer hablarle, tocarlo y jugar con él. Aunque vea las mejores películas documentales, el niño es coartado en sus posibilidades de movimiento. La fuerza muscular, las múltiples percepciones de los sentidos, las habilidades, la capacidad de relacionarse, todo queda improductivo, yermo, sin uso. Solamente son requeridos los ojos y los oídos, y los ojos no necesitan ni moverse para corregir las distancias y el ángulo visual. El televisor determina el suceso, pero sin producir experiencias reales. ¿Cuánto más es una hormiga descubierta en el arenero, que el niño deja pasear sobre sus dedos o la sigue, descubriendo sus caminos? “Está bien, pero ésta es una película tan didáctica, y muchas cosas no podrían observarlas tan detenidamente en la naturaleza”, se dice muchas veces.

¿El niño debe saberlo todo? El niño no necesita saberlo todo, y no comprende a menos que pueda vivenciar o descubrir algo por medio del contacto personal con un ser querido. Y para ello, el mundo circundante puede ser inconmensurablemente rico.

Comprender el mundo

El aprendizaje del niño en el primer septenio debe estar, en lo posible, exento de cargas intelectuales. El niño aprende con el continuo observar y experimentar. Observemos cuán activo es le niño cuando comienza a erguirse, a caminar, a hablar. ¿No es maravilloso? Demuestra un afán de superación que solamente puede ser sepultado por una pedagogía equivocada. El niño quiere comprender el mundo. Pero con el avance de la técnica disminuye las posibilidades para los niños de entender y captar los sucesos y los objetos a su alrededor. El niño puede llegar a intuir los procesos en un lavaplatos o en un lavarropas, si ha podido jugar repetidas veces con agua y esponja, si ha lavado platos y ha visto secarse la ropa al viento. Pero ¿quién sacude el agua en el lavarropas de mamá? Ni siquiera nosotros los adultos, sabemos qué es la electricidad. Pero el niño busca algo vivo y esencial detrás de los procesos. El hombre como ser humano, debe salir al encuentro del niño como creador (puesto que es él quien convirtió sus ideas a una máquina), y afuera, en la Naturaleza, el niño debe intuir al Dios Creador. Si el niño no encuentra estas fuentes, el mundo le tiene que parecer fantasmagórico. Lo mismo vale para los discos y casetes de cuentos. ¿De dónde vienen los sonidos, las melodías y las voces que me entretienen? Si la madre toca una canción acompañándola con la lira, si relata un cuento o si hace un pequeño juego de dedos, entonces el niño mismo podrá reproducir para sí, como por encanto, este mundo maravilloso. Ciertamente, sin la técnica dejaríamos de tener muchas de las alegrías de la vida. El avance científico fue necesario para la evolución de la humanidad. Pero debemos tener en claro que el niño no llega al mundo con sus facultades intelectuales desarrolladas. Él debe recorrer individualmente el mismo camino que ha seguido en su evolución la conciencia de la humanidad. Al imitar el desarrollo de las acciones lógicas del adulto, aprenderá en forma sana el pensar lógico. Nosotros mismos debemos esforzarnos para mostrarle al niño, con nuestras acciones, procedimientos lógicos y ordenados. Deberíamos darle constantemente oportunidades para que pueda participar de ellos. Cantamos y hacemos mímicas relacionadas con las ovejas, por ejemplo: pueden disfrazarse con vellones de lana, hilar la lana con el huso y luego tejer en el telar con la lana hilada. Pero también en las acciones más cotidianas se encuentra esta lógica: cosechamos manzanas, las lavamos, las cortamos, las mezclamos con leche y ricota, las degustamos, ponemos la mesa, repartimos la comida, comemos, lavamos los platos, los secamos, guardamos todo…

No es necesario crear situaciones ficticias para acrecentar la inteligencia de un preescolar. Al imitar acciones llenas de sentido, adquiere prestancia para vivir. El pensamiento, el sentir y el querer se desarrollan armoniosamente.

Tal como en las acciones humanas, también en la Naturaleza se encuentran leyes férreas. A continuación de la siembra viene el brotar, el crecer, el florecer, la fecundación, la maduración, se forman nuevas semillas y muere la planta. Son los círculos eternos que pueden transmitir al niño la confianza atávica hacia el mundo. Por ello es tan importante que el niño vivencia el desenvolvimiento de las estaciones del año. Éstas encuentran su lugar en el quehacer cotidiano del Jardín de Infantes: canciones, cuentos, juegos de dedos, rondas y manualidades se relacionan permanentemente con los ciclos del año; cuidamos los canteros de flores y hortalizas, y nos reunimos diariamente alrededor de la mesa alegórica de las estaciones. De acuerdo con la estación del año reinante, se colocan sobre un mantelito de color, en primavera las primeras ramas con brotes; en verano ramos de flores; en otoño granos, hortalizas y hojas de árboles; en invierno ramas de pino y minerales. De esta manera incorporamos la naturaleza a la casa.

En forma activa y perceptiva, el niño se adentra al mundo. Y allí se enciende el pensar, primero como una chispa. Recién en la edad escolar, cuando se desarrollan las facultades de la representación, se desprende el pensamiento de la acción y la vivencia mediara. Ha llegado el momento de contarle al niño sobre animales y plantas, piedras y hombres de otros países y de otras épocas.

La imitación

Partiendo del hecho de que el niño vive en su sensibilidad y en su quehacer, surge una premisa para toda la educación: no alcanzamos nuestros objetivos en el primer septenio a través de la palabra, de las explicaciones o de las advertencias, sino sólo por ejemplo. Con los retos y las amenazas alcanzaremos quizás un éxito momentáneo, pero se inculca el temor y el desinterés, y no el comportamiento deseado. El niño nos imita las buenas y las malas cualidades, incluso nuestra irascibilidad. El niño crece y se introduce en el mundo del adulto imitándolo. Si por ejemplo no tuviera hombres que caminen erguidos y que hablen a su alrededor, no aprendería a caminar ni tampoco a hablar. Todos los usos y las costumbres las aprende por imitación; así, comienza a comer con tenedor y cuchillo, y también a agradecer al prójimo que ayuda. De la misma forma como no podemos obligar al niño a dar sus primeros pasos, tampoco podemos obligarlo a decir la oración de gracias. El niño mismo se activa, el impulso surge dentro de él. Si confirmamos en el sano querer de la imitación, entonces debemos darle tiempo al niño. Dice Rudolf Steiner: “Nuestro deber no es enseñarle diversas cosas al niño por medio de la voluntad, sino estar en actitudes, quizás algo incómodas para nosotros, a su alrededor, de tal manera que el niño pueda imitar las actividades necesarias, porque el niño es susceptible a todo lo que nosotros hacemos, la manera de movernos… y también es susceptible a sentimientos, a nuestros pensamientos

Si al zurcir nosotros una media, el niño está en las cercanías, entonces se graba en él toda la mímica, participa de la acción en su interior, aunque esto no sea necesariamente visible. Lo que el niño imita no es solamente la manera técnica de dirigir la aguja y la forma de mantener la media en la mano, sino también la alegría, el disgusto o el nerviosismo con el cual ejecutamos la tarea. Si el educador toma el principio de la imitación como “leitmotiv”, se origina en él un enorme sentido de responsabilidad. En el fondo, la educación se convierte en autoeducación.

Es muy importante que el maestro disfrute y se entusiasme con la propuesta ¡Es el mejor estímulo! Fundamental al cantar y hacer música que no sea mecánico.

Cuentos, canciones, juegos y manualidades

Debemos tener en cuenta que la estimulación precoz de la memoria y de la fantasía por medio de explicaciones y aclaraciones, causa una acción desvitalizante y destructiva, mientras que cuentos, rondas, juegos, canciones, manualidades artísticas y música tienen un efecto muy positivo sobre la vida espiritual – anímica del niño. Este tipo de actividades pasan a través de la mente directamente al alma del niño, donde se enriquecen y colorean. Estos son sus alimentos, así como para el cuerpo lo es el almuerzo. Incorporan aquellas imágenes en su interior captando algo de su mensaje, aunque sin entenderlo racionalmente.

En los cuentos no hay fantasías casuales: lo que describen son realidades espirituales, vivencias representadas por imágenes. En cada cuento lucha lo bueno con lo malo, aparece el peligro de que sea destruida la vida joven, hay pruebas y desafíos hasta lograr el premio. O tal vez sucede que el héroe se duerme en el momento clave. Como por arte de magia, repentinamente, se transforma o queda petrificado, y viene ayuda inesperada de afuera. El final feliz de los cuentos ilustra la meta o el destino de la evolución humana. Si el niño está realmente embebido de estas imágenes de cuentos, luego en la vida adulta también podrá ver otros caminos o luces en el destino que le espera. En el jardín no leemos los cuentos, sino que los contamos de memoria. El niño necesita en gran medida del contacto con el ser humano, con el educador a quien quiere, quepuede mirarle a los ojos mientras cuenta y puede leer en su rostro alegría o sorpresa durante un cuento. Elegir y conocer BIEN lo que se va a contar. Es en especial curativa y tranquilizadora la repetición del cuento, las mismas palabras durante un tiempo prolongado. El sonido y el ritmo del lenguaje se repiten, y vuelven a darse algunas transformaciones plásticas y las imágenes preferidas. Y entonces el niño siempre vuelve a pedir el cuento, y hasta nos corrige si nos olvidamos de una oración. Nosotros mismos podemos desarrollar alegría al hablar, al formar los sonidos, ya que cada uno tiene su carácter distinto y propio. Las palabras bien formadas y cálidas del adulto actúan pedagógicamente sobre todos los sentidos del niño.

Al niño le presentamos una gran cantidad de imágenes a través de rimas, versos, y canciones. También estas imágenes son más visibles a través de nuestros gestos o movimientos. Día tras día, en las rondas de la mañana, el niño imita un caballito que brinca, una planta que crece, la paisana que cose. Todo lo que sucede a nuestro alrededor puede ser imitado en los movimientos de los niños. El niño no aprende esto por su inteligencia, sino lo siente con todo su cuerpo, con todo su ser. Muchas veces les presentamos un cuento con muñequitos que se mueven. Sobre una mesa se construye o prepara un paisaje con tronquitos, telas, piñas, etc y luego con marionetas o muñecos que se paran, se hace la imagen visible. Los niños más grandes generalmente ellos mismos arman un cuento y lo cuentan. Todas las actividades tienen un lugar en la semana. Los niños siguen un ritmo diario, al cual se van acostumbrando lentamente, y en el que el niño tiene libertad en sus quehaceres y juegos, recibiendo al mismo tiempo un caudal de gestos, palabras e imágenes. Donde hay vida encontramos ritmo. Sólo miremos las plantas o los animales: están orientados totalmente hacia los ritmos cósmicos. Únicamente el hombre se emancipa en cierta medida de ellos. Pero, ¿será sano esto? El niño pequeño necesita un ritmo diario para desarrollarse normalmente y en forma saludable. Despertar y dormir, comer y digerir, inhalar y exhalar, crear y escuchar, tomar y dar, todo debería tener una secuencia armónica.

El ritmo y la repetición actúan sobre el hombre en forma ordenadora y le dan fuerzas. Y al niño le dan confianza para la vida

El Jardín de Infantes Waldorf como organismo social

En Alemania, donde tuvo su origen el movimiento Waldorf, hay actualmente 180 Jardines de Infantes que trabajan de acuerdo a la pedagogía de Rudolf Steiner. Además, se están creando nuevos organismos de este tipo en todos los países europeos y también en América. Actualmente surgen varias nuevas iniciativas para fundar Jardines de infantes.

Un Jardín de Infantes Waldorf pueden ser comparable con un organismo vivo, en el cual cada parte tiene su función. El constante intercambio del educador con los padres en reuniones de padres y visitas a domicilio, en círculos de trabajo y manualidades, es como la sangre que circula. El núcleo de personas que sustenta y promueve el organismo, es aún más importante que el portador financiero y legal de toda la iniciativa. Del núcleo se forma un Consejo de Administración, cuyos miembros se hacen cargo de la más variadas actividades, como por ejemplo el trabajo de función pública, contactos con los ministerios y administraciones públicas, mantenimiento del edificio, organización de fiestas. Niños, educadores y padres interactúan en forma constante. Es necesario un intercambio entre todos los participantes, como así también un contacto intensivo con la “Alianza Internacional de Jardines de Infantes Waldorf” en Alemania. Allí se organizan jornadas, en las que las diferentes iniciativas intercambian experiencias. El desarrollo del Movimiento de Jardines sigue avanzando, pues se intenta, partiendo de la antropología dada por Rudolf Steiner como base de la pedagogía Waldorf, elaborar y agregar nuevos caminos de aplicación práctica para este ámbito específico del primer septenio.

Un organismo como este debe buscar en forma constante su lugar en nuestra sociedad democrática. Desea ser comprendido como una fuente de renovación cultural en el marco de todos los esfuerzos sociales de nuestro estado.

Fiesta de los farolitos

En invierno, cuando los días son cortos, las noches largas, el sol muy tibio, porque se ha ido a calentar la otra mitad del mundo, los niños más pequeños, los niños del jardín de infantes y sus hermanitos menores están de fiesta. También están de fiesta sus padres y sus maestras jardineras, cuyos corazones quieren participar de la felicidad así compartida, en la sencillez de las imágenes de un cuento de hadas y en un paseo con faroles encendidos. Y con esta alegría de los niños nace en nosotros, los adultos, en nuestra oscuridad ya casi cotidiana, la luz de un momento de recogimiento a través de las profundas vivencias de los niños. Durante un tiempo dejamos de lado todo lo que es prescindible, el trajín, las ocupaciones y hasta el descanso de un día libre, para acompañar a los niños y dar. ¿Qué es lo que damos? Nos damos a nosotros mismo. En nuestro interior damos cobijo a lo que conocemos y de lo que casi nos hemos separado: lo bueno, lo bello y lo verdadero que aún reluce en los ojos de los niños, allí donde se asoma intensamente su esencia divina. Preparamos durante la época invernal las canciones que juntos cantaremos al anochecer “cuando arriba iluminan las estrellas y abajo iluminamos nosotros”. También hemos cortado, armado y pegado los faroles. Dos o tres mamás, cada año otras, nos ayudan a colocar velas, poner los arcos de alambre y preparar los palitos, de los cuales colgarán nuestros tan coloridos farolitos. Invitamos a los papás y hermanitos, pero es grande nuestra alegría al ver que también vienen los abuelos y hasta algunos amigos que los mismos papás invitan. Nuestro salón de actos es pequeño y no nos permite invitar a toda la escuela, pero ya tendremos uno nuevo donde podremos estar todos.

Este año, con las pequeñas marionetas de seda, disfrutamos del cuento de los Hermanos Grima “Madre Nieve”. Después de un pequeño diálogo entre dos enanitos que deseaban ir al paseo de los farolitos y esperaban a dos compañeros que no terminaban de llegar, uno por una piedrita en la botita y otro por ser pequeñito y sus pasos chiquitos, se realizó el ansiado paseo con los coloridos e iluminados faroles. Luego de una ronda muy amplia con los niños y sus farolitos en el centro, cantamos todas las canciones aprendidas. Nos despedimos mientras resuenan en nuestro interior las voces, las melodías, las palabra: “… brilla mi luz, nos vamos ya, la puedes ver tú…” , junto a la calidez de esa luz que ilumina nuestro corazón.

Los maestros de estas escuelas están dedicados a generar en cada alumno un entusiasmo interno genuino por aprender. Lo consiguen de diversas maneras. Cualquier tema académico, por más árido que pueda parecer, es tratado de forma pictórica y dinámica. Este método elimina la presión competitiva de exigencia, reconocimiento y premio, puesto que la motivación surge de dentro del propio alumno.

Qué aprender, cuándo y cómo

Aprender es la clave del desarrollo humano, pero no es un proceso homogéneo y simple. Qué aprender, cuándo y cómo aprenderlo son aspectos derivados de la concepción del hombre que el maestro tiene en su mente.

El maestro aspira a ayudar al niño a convertirse en adulto sensible, seguro y con mente clara. Para conseguir esto, los maestros Waldorf se adaptan a sus alumnos, centrándose en los elementos idóneos de cada fase de la infancia.

La etapa preescolar:
El Jardín de Infantes
IMITACIÓNUn entorno hogareño

Desde que nace el niño, comienza el aprendizaje. El ponerse en pie, la adquisición del lenguaje y la capacidad de pensar son logros gigantescos conseguidos en un período de 3 o 4 años. Y todo ello lo aprende sin haber sido enseñado. El niño lo adquiere gracias a una combinación de habilidad latente, instinto y sobre todo IMITACIÓN. Todo el período de la vida hasta los 6 o 7 años está caracterizado principalmente por la imitación. El niño imita todo lo que le rodea, no sólo los sonidos del habla y los gestos de los adultos, sino también las actitudes de sus padres y amigos. Con esta metodología se pretende propiciar un armonioso desarrollo del niño (hombre en evolución), mediante una rítmica “respiración” de actividades de expansión y contracción. El ritmo en las actividades y la regularidad horaria dan seguridad al niño. Día tras día repetimos la misma secuencia de actividades, aunque variando los contenidos. Esto, junto con la periódica experiencia de los ritmos de las estaciones del año con sus fiestas importantes, son las formas más adecuadas para introducir al niño en la vivencia del tiempo, del mismo modo como la motricidad ayuda a la adecuada ubicación en las dimensiones del espacio.

Los niños de diferentes edades se reparten en grupos que contienen como máximo 15 niños. Se ofrece un material didáctico concebido para desarrollar la imaginación y la creatividad social, semilla para un correcto enfoque de las conductas de sociabilidad cuando sea adulto. También se trabaja intensamente en la adquisición del lenguaje materno (teatrillos, cuentos, poemillas y canciones), para que se conforme y fortalezca la capacidad del habla y del pensamiento. Esto incluye cantar canciones en otros idiomas. Es una característica de la Pedagogía no enseñar materias intelectivas en esta tierna edad. Al niño se lo preserva de una intelectualización prematura, que mina el desarrollo armonioso de las facultades psíquicas y roba energías al cuerpo físico que deben quedar libres para su crecimiento en la etapa más importante de su desarrollo. Se practican cotidianamente actividades artísticas y trabajos manuales con un sentido práctico y bello al mismo tiempo. Despertando así la sensibilidad artística en un trabajo regular, hacemos posible la fortificación de la VOLUNTAD del niño; con las manualidades se desarrollan habilidades dormidas que acercan al niño al conocimiento directo del mundo y sus contenidos.

La Educación Básica
El corazón de la infancia – IMAGINACIÓN
La “autoridad amada”

Esta etapa ha de ser manejada con sumo cuidado, dado que aunque esta nueva aptitud necesita ser estimulada, la característica esencial del niño sigue siendo su universo imaginativo.

Se llevan a cabo todas las actividades que cultivan la imaginación (recitado de poesía, dibujo, pintura, teatro, música). Sin embargo, la tarea esencial del maestro, tanto en las actividades prácticas como culturales, es trabajar con los alumnos como un “artista”.

No se trata únicamente de que al alumno se le enseñe “arte”, sino que se le deben enseñar las materias “no artísticas” de una manera artística e imaginativa.Básicamente, el maestro se dirige a la sensibilidad del niño de 7 a 14 años, dado que la capacidad de relación se forma más en base a los esfuerzos y capacidades del maestro como “artista”, que a la materia de estudio en sí.

En Ciencias Naturales, la capacidad de maravillarse ante lo prodigioso se cultivatambién a esta edad. Tales sensaciones pueden aflorar por ejemplo, al estudiar el cuerpo humano y descubrir la relación vital entre la sustancia más dura, el hueso, y las células más viajeras, los glóbulos (producidos en los huesos). O también al analizar las formas de producción de semillas en las plantas inferiores y superiores, lo cual constituye una progresión encadenada. Este sentido para lo asombroso acaba desarrollando un sentimiento de reverencia que puede constituir un punto de partida para una relación sana con el entorno natural en el futuro. En lugar de debilitarlas, esta sensibilidad ante lo prodigioso refuerza las aptitudes críticas que el estudio de la ciencia requiere, y que se desarrollan en posteriores etapas del ciclo educativo.

Coherente con este enfoque, todo en una escuela Waldorf, desde el mobiliario de la clase hasta la forma de recitar un poema, desde el tipo de lápiz utilizado por el alumno hasta los ejercicios en el gimnasio, se considera con dos criterios en mente: debe ser funcional o útil y además bello.

Hacia la edad adulta
EL JUICIO RACIONAL
La “autoeducación” y el amor por el trabajo

La adolescencia, tercera etapa evolutiva, es crucial para cultivar la capacidad de juicio racional. En esta fase, el alumno es capaz de utilizar su mente como instrumento objetivo. Otros rasgos de la psicología del adolescente son un idealismo valioso y sano, así como una vulnerable sensibilidad hacia sus propios sentimientos y experiencias. Estos aspectos necesitan de protección; a partir de la pubertad, muchos jóvenes disfrazan enérgicamente su condición interior. Levantan una barrera como autoprotección, buscando al mismo tiempo constantemente un modelo humano con cualidades a las que imitar.

El niño de 7 a 14 años supone que los adultos lo saben todo; el adolescente aún mantiene esta esperanza. Si estas creencias y expectativas de autoridad son satisfechas genuinamente durante los años iniciales en una escuela Waldorf, el alumno será capaz de ejercer autoridad sobre sí mismo de forma más eficaz. Durante esta tercera etapa, el joven idealiza la nueva imagen del adulto. Busca encontrar en sus maestros cualidades tales como voluntariedad, buena disposición, consideración, buen corazón y dominio de sí mismo. El niño ya no acepta la autoridad; desea seguir a un líder elegido por él. Encuentra el significado de lo que es ser adulto en sus maestros, los cuales son expertos al haberse dedicado en profundidad a dominar su especialidad; la lógica en la matemática, la habilidad manual en el trabajo de la madera y el metal, o el desarrollo de la expresión corporal en euritmia y gimnasia. Al mismo tiempo, los alumnos han de aceptar la disciplina de cada tema de estudio, así como apreciar la ayuda mutua hecha posible por un enfoque interdisciplinario. Las escuelas Waldorf forman parte de un movimiento pedagógico internacional. Su nexo de unión es la dedicación de sus maestros el plan de estudios Waldorf y su convicción de que este método puede ayudar a los niños a convertirse en adultos libres de pensamiento, fuertes de voluntad y socialmente responsables.

 

Escritos de Magda

ESCUCHA
“UNA ESCUELA QUE CANTA Y BAILA”

La música tendría que estar en todos los hogares y escuelas sin ningún tipo de exigencia de afinación ni de destreza. Es como la capacidad de ponerse a jugar o de soñar, es propio del ser humano. Se inhibe o corta cuando aparece el juicio, las “pruebas” ó una mirada valorativa de quién es buen músico y quién no lo es. En mi experiencia como Músico-terapeuta y docente, descubrí la maravilla que ofrece la música para que el chico desarrolle una buena escucha. Es un gran potencial y lo tenemos todos. La escuela es un escenario ideal para comunicarnos a través de la música y enseñar a los chicos a construir este lenguaje.

Vivir la música es mucho más que cantar, tocar instrumentos y bailar. Es despertar el interés por escuchar. Escuchar quiere decir estar disponible para recibir al otro, abierto. Puede ser en una ronda cuando un compañerito cuenta que ayer dejó el chupete, fue a la plaza o se enojó con su mamá. Todos aprendemos a escuchar y los adultos podemos facilitar esta práctica y transmitirles a los chicos el valor de escuchar al otro y a uno mismo. Desde la escucha se construye una manera de estar en el mundo.

La música, por ser un lenguaje que directamente llega a los oídos, al cuerpo y al corazón, es perfecta para desarrollar esta cualidad. Cuando los maestros cantan, bailan e investigan el maravilloso mundo del sonido junto con los chicos, se abre una puerta directa al contacto y a la alegría de estar comunicados. En general las personas no escuchamos. La mente es veloz y aprendimos a pensar respuestas rápidas y eficaces antes que el otro termine de hablar. En las escuelas los chicos están aturdidos por el ruido y la híper estimulación. En ese contexto es difícil escuchar y es un pronóstico complicado para el futuro de todos. Nos aísla, nos ensordece.

Si en el aula y en la casa hay posibilidades de comunicarse a través de la música, ya sea cantando, escuchando discos y bailando, estamos despertando el disfrute, la calidad estética, con melodías, silencio y ritmo en nuestra vida cotidiana. El oído selecciona mejor y desarrolla otra dinámica diferente del aturdimiento. Estamos más contentos, más relajados y podemos escucharnos mejor. Bailar o cantar luego de una larga clase sentados, ayuda a que todos los contenidos aprendidos se incorporen con más equilibrio, menos tensión y sobre-esfuerzo de los niños del maestro. Esto es escuchar y los adultos empezamos por escuchar la naturaleza de los niños. Ellos necesitan inventar canciones y contar sus relatos con melodías improvisadas, seguir el ritmo, tocar percusión con todo aquello que suena, ver bailar a los adultos y cantar en grupo. Entonces es tan placentero el acto de escuchar que a la hora de conversar ya está habilitado ese canal. La música nos enseña a escuchar, no podemos cerrar los oídos. De una manera u otra, la comunicación llega y se transforma en una herramienta para toda la vida. Queda en la matriz: un puente entre el cuerpo, la propia voz, los sonidos, el baile, las canciones, el compartir y la posibilidad de contar la propia historia y escuchar a los otros. La música nos recuerda: Escuchar tiene sentido.